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miércoles, 4 de febrero de 2026

Contaminación radiactiva en Palomares: 60 años de oprobio por las élites políticas

 

     Estudios de Economía en la Universidad de Valencia. Técnico Superior en Imagen y Sonido. Desde 1985 ha seguido de cerca todo lo relacionado con el accidente de Palomares.

Cuando Estados Unidos comprobó la magnitud de las consecuencias, comenzó la minusvaloración de todos y cada uno de los parámetros que describían su gravedad: superficies contaminadas, niveles de radiactividad, falsificación de los mapas radiométrico

     Hace pocos días se cumplieron 60 años del accidente nuclear de Palomares (Almería, 1966). Desde 1945 no habían caído bombas nucleares en una población. Esta vez no hubo detonación nuclear ni muertos pero sí sobrada radiactividad. El explosivo convencional de dos de las cuatro bombas que cayeron, con una potencia superior a 68 veces la de Hiroshima, dispersó en 635 hectáreas casi diez kilos de plutonio, que es la sustancia más tóxica creada por el hombre.


Actuación en alta mar en Palomares, Almería.

La pérdida y espectacular búsqueda de una de las bombas, junto con la extensión de la contaminación en un lugar poblado, convirtió el accidente en el más importante de la era nuclear, hasta que veinte años más tarde se produjera el de Chernobyl. Pero, ¿por qué se afirma que es una historia abierta, inconclusa e interminable? La razón hay que buscarla desde el principio.

Cuando Estados Unidos comprobó la magnitud de las consecuencias, comenzó la minusvaloración de todos y cada uno de los parámetros que describían su gravedad: superficies contaminadas, niveles de radiactividad, falsificación de los mapas radiométricos reducidos de siete a doce veces, vigentes hasta 2013. No se salvó ni la denominación: la calificación de accidente fue rebajada por el Departamento de Defensa a «incidente», lo que implicaría la inexistencia de contaminación y contaminados por plutonio. Es el término que persiste seis décadas después. Cuando en los inicios aparecieron análisis positivos del radionucleido en los vecinos, fueron invalidados. Los 1.586 soldados con resultados positivos también fueron manipulados y reducidos a solo 422.

La descontaminación norteamericana fue un eficaz paripé destinado solo a la opinión pública. Los bidones transportados a EE. UU. apenas albergaban un 1 % del plutonio diseminado y los dos enterramientos secretos descubiertos 41 años más tarde con 4000 metros cúbicos contienen una quinta parte de las tierras que se comprometieron evacuar a su país.

Incumplieron todo lo que habían acordado por escrito unas semanas antes en Palomares. También la garantía legal de responsabilidad civil que dieron cuando en 1963 pidieron permiso para alojar submarinos nucleares con misiles Polaris en la base de Rota (Cádiz). Fue en el Acuerdo Confidencial de julio de 1964, párrafo tercero, donde se comprometían de manera inequívoca a asumir toda responsabilidad civil derivada en caso de accidente nuclear, donde cualquier reclamación “será resuelta rápidamente a través de la vía diplomática”. Sesenta años no parecen ser nada para los causantes. Este Acuerdo sigue siendo una sólida base legal en el presente para exigir su limpieza.

La pusilanimidad mostrada por la dictadura no tuvo límites. Como más del 75 % del plutonio se quedó donde estaba y dada la futura exposición crónica de los vecinos al tóxico, la Atomic Energy Comission (AEC), la Junta de Energía Nuclear (JEN) y posterior Ciemat acordaron implementar de manera subrepticia un proyecto de investigación con sus habitantes y el medio ambiente.

Fue llamado en clave: «Proyecto Indalo» (1966-2009) sin que existiera el consentimiento informado ni garantía bioética alguna. La finalidad de este acuerdo era la “recopilación de información sobre la absorción y retención de plutonio y uranio en un número representativo de un grupo de población”, según reza lo firmado apenas un mes después del accidente.


Terrenos contaminados por radiactividad en Palomares.

España no solo permitió los incumplimientos. Suscribió con el país causante una historia oficial a la medida de sus intereses. Tuvo como portavoz al ministro Fraga Iribarne, quien afirmó repetidamente que en Palomares todo se había quedado igual o mejor que antes del accidente y que no había peligro para la salud. Los vecinos fueron engañados y expuestos de manera continuada al inventario de plutonio, residiendo en lo que se denomina una «zona de sacrificio», donde el riesgo, al igual que la radiactividad, no se percibe pero existe y las posibles consecuencias patológicas aparecen a largo plazo y resultan muy difíciles de demostrar.

Lo más desalentador fue que la llegada de la democracia no supuso ningún cambio en la exposición radiológica de sus pobladores ni se modificó un ápice la historia oficial sostenida también por los supuestos científicos de la JEN-Ciemat. Siguieron repitiendo que todo había quedado limpio y que no existía peligro alguno.No fue cuestión de ideologías políticas o de siglas. Ni con UCD, PSOE o PP hubo un mínimo avance en la verdad y la protección de los palomareños. Las élites políticas del poder central y centralista mantuvieron con firmeza la falsa historia oficial de la dictadura y la continuada exposición al plutonio de sus habitantes, dando veracidad al aforismo que el escritor Giuseppe Tomasi di Lampedusa puso en boca del protagonista de El Gatopardo: “Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”.

Gracias a todo lo anterior, el «Proyecto Indalo» se mantuvo activo doce años en dictadura y 31 en democracia. Tras 40 años siendo expuesta la población, cultivando algunas áreas con mucho plutonio, por fin, entre 2006 y 2008 se implementaron las primeras medidas de radioprotección. La medida fue posible porque antes realizaron la caracterización radiológica, con un nuevo mapa de contaminación que derivo en la restricción de acceso y uso con el vallado de 40 hectáreas de áreas contaminadas.


Caseta en la parcela vallada en Palomares.

Es de justicia reconocer que ese único y aislado progreso, ese punto de inflexión en los riesgos en Palomares fue gracias al equipo que formó el científico Juan Antonio Rubio cuando estuvo como presidente del CIEMAT (2003-2010) con la directora de Medio Ambiente, Teresa Mendizábal. Ella nos confesó que los mayores problemas no fueron los escollos técnicos, sino convencer a los políticos, primero del PP y luego a los del PSOE, con la llegada de Zapatero. Ardua tarea.

El impedimento no era tanto los 13,8 millones de euros del coste final, del que EE. UU. solo aportó un 13 %, sino sacar del olvido una “patata caliente” que nadie deseaba ni desea en sus manos. Más aún cuando el Ministerio de Exteriores siempre presiona para que el viejo contencioso no ponga en peligro los intereses de las empresas que están haciendo las Américas, muchas de ellas presentes en los sumarios de financiación ilegal de los partidos.

Rubio y Mendizábal sólo proponían estudiar cuánto, como y dónde se hallaba el plutonio para vallar esas tierras, proteger a sus habitantes y poder elaborar además el Plan de Rehabilitación de Palomares. Algo que consiguieron en 2010, poco antes de fallecer Rubio. Lástima que sus sucesores y el Consejo de Seguridad Nuclear se olvidaran de ese proyecto y volvieran la vista hacia otro lado.

El agravio comparativo es sangrante cuando no existieron problemas para realizar una caracterización y descontaminación en Madrid, dentro del Proyecto Integral para la Mejora de las Instalaciones del Ciemat (PIMIC). Iniciativa que lleva veinticinco años y mucho más de cien millones de euros gastados, en un lugar donde no existía riesgo radiológico alguno a sus trabajadores, donde no reside población. Pero se trata de un lugar próximo a donde viven los gestores políticos y sus familias y no se halla en la periferia peninsular, distante a 525 km.

Cuando se destapó la contaminación real con la que habían convivido los vecinos de Palomares, la historia oficial cambió. Ahora se reconoce la contaminación, pero se repite sin cesar que no hay peligro, como en la Dictadura. También se incluye el mantra de que ha de ser EEUU quien retire esas tierras ―oportuno argumento para la inacción― porque España carece de un lugar donde almacenar residuos de alta actividad como los que se generarían con la limpieza. Lo que sesgan los voceros de las élites políticas es que ello es perfectamente factible, como están los centenares de toneladas de similares residuos del combustible gastado de las centrales nucleares en seis almacenes temporales individualizados (ATI). De igual manera, se podría crear un ATI en el Cabril para Palomares, hasta que la coyuntura política permitiera devolver ese plutonio a sus legítimos propietarios.


La bomba nuclear B28FI, recuperada a 870 metros de profundidad, en la cubierta del USS Petrel.

Dado el maltrato sufrido por las generaciones de Palomares durante estos 60 años, todos los gobiernos, los organismos públicos en general y el Consejo de Seguridad Nuclear y el Ciemat en particular, se hallan en deuda con la población. España está sobradamente preparada para acometer la rehabilitación según el Plan de 2010, para emprender la descontaminación que ponga fin a la angustia y el estigma padecido.

Lo único que falta es voluntad de las élites políticas, las mismas que durante estas seis décadas se han aprovechado de las circunstancias: minorías lejanas, silenciosas e invisibles, padecimientos y riesgos también invisibles.


Fuente: elDiario.es Andalucía

lunes, 12 de enero de 2026

Piden más de 3 años de cárcel para el secretario general del ayuntamiento de Águilas por acoso laboral

 

 Por Alicia Negre    
       Licenciada en Periodismo por la Universidad de Murcia (UMU). Redactora de  LA VERDAD.


Un magistrado abre juicio contra el funcionario por la supuesta divulgación de un escrito de alegaciones presentado por el afectado

     El presunto acoso laboral contra un representante sindical podría sentar en el banquillo al secretario general del Ayuntamiento de Águilas. En un auto, al que LA VERDAD ha tenido acceso, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Lorca ha acordado la apertura de juicio oral contra Jesús L. por presuntos delitos de acoso laboral, infidelidad en la custodia de documentos y revelación de secretos. 


Jesús López López (diario Información).


La Fiscalía solicita que se le impongan penas que suman tres años y siete meses de cárcel y hasta dos años y meses de inhabilitación para empleo o cargo público. Además, el Ministerio Público reclama que se indemnice al perjudicado en 3.835 euros, de los que el propio Consistorio tendría que responder de forma subsidiaria.




Fuente: LA VERDAD

miércoles, 24 de diciembre de 2025

El PP reforma la Ley del Mar Menor para permitir que empresas sancionadas por contaminar sigan recibiendo subvenciones

 

 Por Rosa Roda   
      Periodista murciana.


El Mar Menor deja de tener un marco sancionador singular y más exigente, y pasa a integrarse en una normativa general pensada para todo el territorio nacional, con menor capacidad de adaptación a una situación de emergencia ambiental


     En plenas fechas navideñas, con la atención pública diluida y la actividad política en mínimos, el Partido Popular ha registrado en la Asamblea Regional de Murcia una proposición de ley que modifica aspectos clave de la Ley 3/2020, de recuperación y protección del Mar Menor.


López Miras, de celebración con Feijóo.

La iniciativa, presentada el 19 de diciembre, no refuerza una norma ampliamente incumplida, sino que rebaja su régimen sancionador y abre la puerta a que empresas sancionadas por contaminar la laguna puedan seguir accediendo a subvenciones públicas.


Cultivos de regadío junto al Mar Menor.

La propuesta, firmada por el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Joaquín Segado, se ampara en conceptos como “armonización normativa”, “simplificación administrativa” y “reducción de la carga burocrática”. Sin embargo, el momento elegido para su registro -a las puertas de la Navidad- y el contenido de la reforma apuntan a una estrategia clara: desactivar, con bajo coste político, uno de los pocos elementos realmente disuasorios de la Ley del Mar Menor.

Del régimen excepcional al marco general

La Ley 3/2020 fue concebida como una norma excepcional para un ecosistema en situación crítica. Su carácter integral y su régimen sancionador más severo que el estatal respondían al fracaso de décadas de regulación ordinaria incapaz de frenar el deterioro del Mar Menor.


Campo de golf, Mar Menor, La Manga e Isla Grosa al fondo.

La proposición del PP plantea ahora eliminar ese régimen específico y sustituirlo por el previsto en la Ley estatal 30/2022, que regula el sistema de gestión de la Política Agrícola Común. El texto justifica este cambio en la supuesta coincidencia de objetivos entre ambas normas y en la necesidad de evitar duplicidades normativas.

Lo que no se explica es por qué, cuando la laguna sigue sin recuperarse plenamente y muchas de las obligaciones de la ley autonómica continúan sin aplicarse, se opta por rebajar el nivel de exigencia y diluir la singularidad jurídica del Mar Menor en un marco general pensado para todo el territorio nacional.


Trabajadores de la Consejería de Medio Ambiente murciana retiran algas del Mar Menor.

Menos sanción, más margen para seguir cobrando ayudas

Uno de los cambios más relevantes afecta directamente al castigo económico por contaminar. La reforma del artículo 83.4 limita las sanciones accesorias vinculadas a la pérdida del derecho a subvenciones públicas.

Según la nueva redacción, la comisión de infracciones graves o muy graves podrá conllevar la pérdida de ayudas de la Comunidad Autónoma durante un máximo de dos años, y solo en relación con determinadas inversiones en las Zonas 1 y 2.

En la práctica, esto significa que una empresa sancionada por contaminar el Mar Menor no quedará automáticamente excluida del acceso a subvenciones públicas. Podrá seguir optando a ayudas fuera de esas zonas, a otras líneas de financiación autonómica, estatal o europea, y hacerlo además con un mayor margen de discrecionalidad administrativa.

La propia proposición reconoce que la ley autonómica era “más exigente que la legislación estatal” y justifica la reforma para otorgar mayor potestad al instructor del procedimiento sancionador, alineándose con la normativa nacional. En un contexto de aplicación desigual de la ley y de escasa eficacia inspectora, este giro supone una rebaja efectiva del castigo económico asociado al daño ambiental.

El relato del esfuerzo agrario y el silencio sobre los incumplimientos

La exposición de motivos dedica un apartado a ensalzar el “esfuerzo” del sector agrario durante los últimos cinco años, destacando inversiones en barreras vegetales, tecnologías de riego de precisión o mejoras en la gestión de estiércoles y purines. Ese esfuerzo se presenta como argumento suficiente para suavizar ahora el régimen sancionador.

Sin embargo, el texto omite cualquier referencia a los incumplimientos constatados, a la persistencia de aportes de nutrientes a la laguna o a la falta de controles efectivos. Tampoco incluye una evaluación pública del grado real de aplicación de la ley ni del impacto de las medidas adoptadas hasta ahora.

Una reforma sin balance y en el momento más oportuno

La iniciativa concluye asegurando que no tiene impacto económico y que no se han mantenido reuniones ni contactos con colectivos para su elaboración. No hay, en cambio, un balance riguroso de por qué, cinco años después, el Mar Menor sigue siendo un ecosistema frágil ni de por qué una ley concebida para protegerlo se modifica antes de haberse aplicado plenamente.

El hecho de que esta reforma se impulse en plena Navidad, con la atención mediática dispersa y la actividad institucional bajo mínimos, refuerza la lectura política de la iniciativa: cambiar la Ley del Mar Menor sin abrir un debate social profundo y sin asumir el coste de explicar por qué se rebaja su capacidad sancionadora.

En la práctica, la proposición del PP no corrige los incumplimientos de la ley: los normaliza. Y lo hace facilitando que empresas sancionadas por contaminar el Mar Menor puedan seguir accediendo a subvenciones públicas, debilitando uno de los pocos mecanismos con capacidad real de disuasión.


Fuente: RRNEWS

viernes, 4 de julio de 2025

Concentración el 7 de julio en Murcia para denunciar el abandono institucional del PP a menores migrantes

 

     La Ley Regional de Infancia y Adolescencia, en su preámbulo, expone que “Es responsabilidad de los Servicios Sociales de la Región de Murcia, la tutela, defensa y protección de las personas menores en situación de desamparo que se encuentren en el territorio regional”.

Sin embargo, la Consejera de Política Social, Familia e Igualdad, Sra. Concha Ruiz Caballero, ante la amenaza de la no aprobación de los próximos presupuestos por parte del Sr. José Ángel Antelo Paredes, ha decidido saltarse su propia Orden y renunciar a la adquisición de viviendas (con fondos europeos) para la acogida y tutela de personas menores migrantes. Estas viviendas eran la alternativa al cierre del Centro de Menores de Santa Cruz, que en la actualidad acoge a 60 chicas y chicos. Dicha Consejera llega a justificar la retirada de esta Orden con la expresión: “rectificar es de sabios”, remarcando que: “no volverá a suceder” aceptando así, la imposición de VOX.

Ante esta Infame decisión, que conlleva la posibilidad de desamparo y desprotección de los menores, por su carácter racista, xenófobo, inhumano, injusto y probablemente, incumpliendo la ley, l@s Yay@sflautas de Murcia sienten la necesidad de expresar su más rotunda disconformidad por todo lo ocurrido.




Es por ello que desde Yay@flautas de Murcia piden a todas las personas que les sea posible asistir que  participen  el próximo día 7 de julio, lunes, a las 20.30 h, en la concentración que tendrá lugar en la puerta del Gobierno Regional, Palacio de San Esteban.