lunes, 3 de agosto de 2026
Concentración por Palestina en Los Alcázares, Mar Menor
sábado, 23 de mayo de 2026
La mancha blanca del Mar Menor se expande tras la dana Alice: “Podría tener consecuencias nefastas en el ecosistema”
Por Erena Calvo Periodista en elDiario.es Región de Murcia.
Un informe del Instituto Español de Oceanografía confirma que 2025 fue un año “anómalo”, marcado por una ola de calor marina, lluvias torrenciales en primavera y la dana Alice

La salud del Mar Menor sigue siendo frágil. Un informe del Instituto Español de Oceanografía (IEO) revela que en 2025 la laguna estuvo al borde de otra crisis ambiental.

El fenómeno más preocupante es el de una masa de agua turbia y blanquecina, identificada como la mancha blanca —denominada técnicamente whiting— que se sitúa al sur de Los Alcázares y hasta la isla Perdiguera. Se trata de una precipitación de carbonato cálcico (partículas microscópicas de calcita) que enturbia el agua de forma permanente y que los científicos vinculan, aunque sin certeza, con descargas subterráneas. El informe reconoce que su origen “alberga enorme complejidad”.

Lo que sí está claro es su impacto: en la zona descrita la turbidez es extrema la mayor parte del año, además los niveles de clorofila son más altos que en el resto de la laguna y la vegetación bentónica (del fondo) ha desaparecido. Los niveles de nitratos y fosfatos también han sido más elevados allí que en otros puntos en 2025.
Inquieta a los científicos que la mancha sigue creciendo. Según el informe, “hacia finales de año, su superficie mostró una tendencia creciente”, una dinámica que “arranca tras el paso de la dana Alice”. Y los investigadores advierten de que si esa expansión se mantiene “podría tener consecuencias nefastas para el ecosistema lagunar”.
El episodio más grave
El episodio más grave se registró en octubre, tras la dana Alice. La entrada masiva de agua continental cargada de sedimentos y nutrientes estratificó la columna de agua, bloqueando la mezcla vertical e impidiendo la llegada de oxígeno al fondo.

El informe describe cómo “el agotamiento progresivo de la concentración de oxígeno” llegó “hasta niveles de anoxia (0 mg/l)”, extendiéndose “sobre una amplia superficie del fondo de la cubeta sur”. La situación duró siete días.
El IEO constituyó un gabinete de crisis con las autoridades. Según relata el informe, los científicos observaron peces bentónicos migrando hacia la superficie, el mismo comportamiento registrado antes de las mortandades masivas de 2019 y 2021. La situación se resolvió cuando los vientos de poniente rompieron la estratificación y reoxigenaron el agua.
Aunque las consecuencias no llegaron a las de las riadas de 2017 o la dana de 2019, el episodio confirmó que los aportes de agua continental cargada de nutrientes son el detonante principal de la eutrofización —el proceso por el que el exceso de nutrientes provoca el crecimiento descontrolado de algas y agota el oxígeno— que pone en jaque a la laguna desde hace décadas.


2025, el segundo año más cálido desde 1982
El informe confirma también “un calentamiento progresivo” que sitúa a 2025 como el segundo año más cálido en el Mar Menor desde que se iniciaron las mediciones en 1982.

La laguna se calienta por año a un ritmo de 0,036 °C y en 2025 registró 108 días de ola de calor marina. A finales de mayo, en solo cinco días, la temperatura del agua pasó de 20 a 25 °C y llegó a los 30 °C el 30 de junio, elevándose a un ritmo de 0,16 °C diarios.
Esas temperaturas hicieron que se disparase el fitoplancton hasta 7 mg/m³ de clorofila, muy por encima de la media habitual. Y en la zona central, el oxígeno bajó de 4 mg/l casi a diario en julio, con valores puntuales inferiores a 1 mg/l provocando un círculo vicioso: el calor acelera el crecimiento del fitoplancton, su descomposición consume grandes cantidades de oxígeno y se reduce la capacidad que tiene el agua para disolver ese mismo oxígeno.
Aunque la crisis no se materializó al remitir el calor, este episodio ha permitido concluir a los investigadores que el calor, por sí solo, es ya capaz de empujar al ecosistema al límite. En sus palabras, el evento “ilustra el potencial del incremento de la temperatura como factor detonante de procesos disruptivos en ausencia de aportes de nutrientes”.
Tres advertencias urgentes
Todos estos episodios ha generado, además, según el informe, una pérdida mayor de la luz en el fondo de la laguna, más intensa y más duradera que en los años 2023 y 2024 y que amenaza la recuperación de las praderas de Cymodocea nodosa, la hierba marina que tapiza el fondo y cuya restauración es considerada clave para la salud del ecosistema.
El informe concluye que 2025 fue “un año anómalo” pero no catastrófico, y lanza tres advertencias: la interacción entre cambio climático y eutrofización es el principal factor de vulnerabilidad del Mar Menor; es imprescindible reducir los aportes de nutrientes y sedimentos de la cuenca vertiente; y hay que investigar con urgencia el origen y la dinámica de la mancha blanca.
Fuente: elDiario.es
jueves, 19 de marzo de 2026
Lecciones del Mar Menor
Economistas sin Fronteras.
El Mar Menor simboliza el choque entre desarrollo y sostenibilidad. De su colapso ambiental a su reconocimiento como sujeto de derechos, su historia combina crisis, innovación y esperanza para repensar nuestra relación con la naturaleza
El Mar Menor es una laguna de 135 km² ubicada en Murcia, equivalente aproximadamente a un tercio de Andorra o a la mitad de Malta. Ha sido ocupado por los humanos desde el Paleolítico y en él se han encontrado restos arqueológicos de civilizaciones íberas. Los romanos lo llamaron Belich y Mare Palus, “laguna”; y los árabes, Buhayrat al-Qasr, “la Albufera del Alcázar”. Tras la Reconquista se le denominó simplemente Albufera, hasta que se impuso su nombre actual: Mar Menor. Esta denominación lo diferencia de su hermano mayor, el Mediterráneo, unas 18.500 veces más extenso y del que le separa una manga de 21 kilómetros. Desde el siglo XX fue uno de los paisajes más reconocibles del sureste: un ecosistema singular, con un fuerte vínculo cultural local y un motor económico.
Sin embargo, el modelo de desarrollo nunca tuvo en cuenta el equilibrio con el ecosistema. La agricultura y la ganadería se intensificaron; el sector turístico apostó por el volumen más que por el valor añadido, con una presión creciente sobre el territorio; y los impactos de otras actividades, como la minería en las sierras cercanas, fueron acumulándose.
El resultado fue un colapso multicausal. Apartir de la década de 1960, el Mar Menor pasó a verse —en palabras de Teresa Vicente— “como un vertedero y como una fuente de beneficios”.
Teresa Vicente, catedrática de Filosofía del Derecho, es precisamente una de las figuras clave en esta historia. Lideró una iniciativa popular sin precedentes, respaldada por 640.000 firmas, para dotar al Mar Menor de personalidad jurídica. La iniciativa dio lugar a una ley pionera en Europa: por primera vez, un ecosistema obtenía derechos propios reconocidos en el ordenamiento jurídico. El cambio era conceptual. El Mar Menor dejaba de ser únicamente un objeto de protección ambiental para convertirse en un sujeto de derechos: derecho a existir, a evolucionar de forma natural, a ser protegido, conservado y restaurado.
Este hecho histórico es un referente por múltiples razones. Fue el primer proceso de este tipo en Europa y, además, nació directamente desde la ciudadanía y no de partidos políticos. La iniciativa ha tenido un fuerte reconocimiento internacional: la ONU lo ha reconocido como uno de los World Restoration Flagships, Teresa Vicente recibió el Premio Goldman, considerado el Nobel ambiental, y el caso ha servido de inspiración para otras iniciativas, como la del río Tins en Galicia o el creciente interés en ecosistemas como el Manzanares, la Albufera de Valencia, el Delta del Ebro o Doñana.
Situación actual: la personalidad jurídica en práctica
Lejos de ser el final del camino, la personalidad jurídica del Mar Menor es el inicio de un intento de curar un ecosistema en estado crítico. La ley fue ratificada por el Tribunal Constitucional frente a la oposición de algunos partidos, y hoy el Mar Menor tiene NIF, cuenta bancaria y una estructura de gobernanza compuesta por tres órganos: un Comité de Representantes, una Comisión de Seguimiento —los “guardianes”— y un Comité Científico. La ley establece que cualquier vulneración de sus derechos puede generar responsabilidad penal, civil, ambiental y administrativa.
Esto ya no es teórico. El Mar Menor, a través de sus representantes, ha comenzado a personarse en procedimientos judiciales, por ejemplo frente a daños derivados de vertidos.
En paralelo, se ha puesto en marcha el Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor, con un presupuesto de 675 millones de euros. Entre sus medidas destacan la creación de un cinturón verde alrededor de la laguna, el cierre de miles de hectáreas de regadío ilegal, la restauración de ecosistemas en la cuenca vertiente o el replanteamiento de ciertas infraestructuras, como puertos.
Sin embargo, las tensiones persisten. Teresa Vicente ha dimitido como Tutora del Mar Menor, denunciando obstáculos y fricciones con las administraciones estatal y autonómica, a las que acusa de priorizar sus propios intereses frente a la defensa del ecosistema.
Y, mientras tanto, ¿cómo está la laguna en 2026? El Mar Menor sigue enfermo. No se han repetido episodios como el de 2019, pero, por ejemplo, en octubre de 2025 se produjo un nuevo episodio de anoxia, breve pero intenso, tras la dana Alice. La propia Teresa Vicente lamenta que “en una zona semidesértica donde la lluvia debería ser motivo de celebración, la dana nos hace temblar, porque arrastra (los fertilizantes de) la agricultura intensiva y los purines de la ganadería hacia la laguna, lo que unido a otros factores como el calor provoca de nuevo la anoxia”.
El Mar Menor: entre esperanzas y tensiones
El caso del Mar Menor es muchas cosas a la vez. Es, en primer lugar, un precedente ambiental y económico. Durante años, los impactos sobre el ecosistema fueron tratados como externalidades o problemas del futuro. Hasta que dejaron de serlo. Cuando el desequilibrio del ecosistema se materializó, el propio modelo económico que lo causó quedó gravemente afectado: el valor de los activos turísticos ha disminuido significativamente, la actividad pesquera se ha visto mermada y la agricultura intensiva junto a la laguna se ha prohibido. Esto muestra que la necesidad de un equilibrio entre economía y naturaleza ha dejado de ser una cuestión teórica, y puede prepararnos para afrontar otras crisis ambientales.
Es también un precedente de ciudadanía. En un contexto de polarización política, más de 640.000 personas se pusieron de acuerdo para defender un bien común, algo que parece inverosímil hoy en día. Esto muestra que los ciudadanos, más allá de los colores políticos con los que se identifican, pueden encontrar espacios de entendimiento y cooperar.
Es, además, un precedente jurídico y de gobernanza. El Mar Menor ya tiene derechos. Pero esto abre una tensión inevitable: sigue sin tener una voz propia y está representado por un grupo de humanos. Y esos humanos tienen intereses e incentivos distintos. Algunos priorizan la protección del capital natural a toda costa; otros, objetivos económicos o políticos. La gobernanza del medioambiente será un espacio de tensión constante, como refleja la dimisión de la líder de este movimiento por la percepción de intereses en las administraciones que van más allá de la protección de la laguna. Sin embargo, esas mismas administraciones, criticadas por defender “lo suyo”, son también las estructuras democráticas que representan la voz de la ciudadanía en ese proceso.
Para mí, el Mar Menor refleja que nada es simple y me enfrenta a varios sentimientos a la vez. El colapso ambiental fue devastador. La reacción ciudadana fue extraordinaria. La innovación jurídica es histórica. Su implementación es compleja. Y el futuro sigue abierto. Este caso puede extrapolarse a otros de los grandes problemas de nuestro tiempo donde conviven el bien y el mal, y la esperanza y las tensiones.
Cierro este artículo con una reflexión del Tribunal Supremo de 1990 citada en la propia ley de personalidad jurídica del Mar Menor: “La diferenciación entre males que afectan a la salud de las personas y riesgos que dañan otras especies animales o vegetales y el medio ambiente se debe, en gran medida, a que el hombre no se siente parte de la naturaleza sino como una fuerza externa destinada a dominarla o conquistarla para ponerla a su servicio. Conviene recordar que la naturaleza no admite un uso ilimitado y que constituye un capital natural que debe ser protegido”.
Fuente: El Salto
martes, 3 de marzo de 2026
El Ayuntamiento de San Javier rechaza la planta de biogás de El Mirador
El alcalde, José Miguel Luengo, firma una resolución desfavorable al proyecto de biometano
El alcalde de San Javier, José Miguel Luengo, ha anunciado que firmará una resolución desfavorable a la Declaración de Interés Público del proyecto de planta de biogás en El Mirador. El regidor considera que la iniciativa, tal y como fue planteada, no tiene encaje territorial, ambiental ni económico en el municipio. En una comparecencia en el Ayuntamiento, Luengo ha argumentado que en San Javier no existen cebaderos de porcino que justifiquen una instalación de estas características y que la posible gestión de purines generó desde el inicio rechazo y dudas.
Luengo asegura que ni la empresa promotora ni el sector primario han acreditado el interés social del proyecto y denuncia falta de información y transparencia hacia la ciudadanía. Defiende el biometano y el biogás como tecnologías de futuro, pero “nunca por imposición”. Con esta decisión, el Ayuntamiento da por cerrado el proyecto en El Mirador y trasladará su negativa a la Dirección General de Ordenación del Territorio.
Fuente: Onda Regional de Murcia
martes, 27 de enero de 2026
Belleza, pérdida y resistencia: reflexiones desde Cabo Cope
No hablaremos de Venezuela, aunque el mundo nos empuje a hacerlo. Hoy toca hablar de la belleza: la que hemos perdido y la que algunos quieren arrebatarnos. Aspirar a la paz perpetua es cosa de místicos o ingenuos. Somos seres pequeños que se confunden con el paisaje, con su luz y su sombra, con la mirada del cosmos y la mano siempre tensa de la humanidad. Algo de eso se percibe cuando se antepone la captura del tirano al derecho internacional basado en reglas.
Se ha interpretado el réquiem de una gobernanza mundial sustentada en normas. Pero no debemos olvidar la ruptura casi diaria de los consensos nacidos tras la II Guerra Mundial: que en democracia no hay enemigos, sino adversarios; que el racismo, la xenofobia, la desigualdad de género y el uso bruto de la fuerza son rechazables siempre y en todo lugar; que el conocimiento, incluido el social, se rebate mediante el método científico, no mediante ideología; que vivimos en un mundo finito con recursos finitos, donde decrecimiento y optimismo tecnológico deben dialogar desde la responsabilidad y el bien común.
Sin embargo, asistimos a un revisionismo irracionalista que impugna valores universales desde Las Luces. Y también tiene reflejo en la Región de Murcia. El caso de Pedro Costa Morata lo demuestra: hay quienes quieren despojarlo del título de Hijo Predilecto de Águilas. No por su labor investigadora ni por su calidad académica, tampoco por haber evitado la instalación de una central nuclear en su tierra natal.
La causa es más prosaica: Costa Morata fue clave para que el litoral de Cabo Cope y Puntas de Calnegre no quedara arrasado por el turismo residencial, tan del gusto de los constructores patrios, aunque con un toque elitista defendido en su momento por el Gobierno Regional.
Para muchos —incluido quien escribe— la preservación de este litoral bastaría para nombrarlo Hijo Predilecto de la Región de Murcia.
Solo hay que recorrer Cabo Cope y Puntas de Calnegre, a pie o en bicicleta, para respirar belleza, luz y vida: atributos que ya no existen en el Mar Menor, donde «el mar reverberaba a la luz del sol como un mantel de hule», donde se contemplaba «el paisaje vacío, el agua quieta, los juncos inmóviles« y donde «la luz vesperal impregnaba el aire de una fosforescencia indecisa». Así lo describió Juan Goytisolo en Fin de fiesta (1962).
Dos años antes, Goytisolo publicó Campos de Níjar, donde indaga en un paisaje árido pero con una luz intensa que lo dota de belleza extraña y silenciosa. Posiblemente tomó notas para ambos textos en un mismo viaje, a finales de los cincuenta. Entonces halló paisajes silenciosos cuya señal de identidad era la pobreza. El Mar Menor murió, La Manga también, y ya no pudo ser reserva de la biosfera ni envidia de la humanidad, como lo son hoy Doñana o Cabo de Gata, en los Campos de Níjar, donde «el color no es color, es tan solo la luz. Y la luz sucedía a la luz en las láminas de tenue transparencia» (José Ángel Valente).
¡Son tan pocos los motivos, pero tan hermosamente universales, para que Costa Morata siga siendo Hijo Predilecto de Águilas y se le conceda el de la Región! Que algún poeta o escritor pueda aún en 2026 describir la belleza de ese territorio contemplado por los dioses y por nosotros, los mortales, es suficiente. Como lo hizo Carmen Conde en Los poemas del Mar Menor («¡Oh mar de mi tierra/oh mar de Palestina!»), Valente o Goytisolo con el Cabo de Gata.
Fuente: La Opinión de Murcia
lunes, 19 de enero de 2026
Las seis islas de la Región de Murcia que están en manos privadas
Por
Miguel
Rubio Linajes famosos y grandes fortunas están detrás de estas propiedades, cinco en aguas del Mar Menor y otra en la bahía de Mazarrón
Cuando en 1977 unos promotores pusieron sus ojos en la isla de Adentro, en Mazarrón, algo cambió en la Región de Murcia. Viviendas Funcionales SA (Vifusa), una constructora comandada por Mariano Yúfera, pretendía levantar en ese enclave costero 400 casas, un auditorio al aire libre, un hotel y un restaurante, pero el proyecto inmobiliario, diseñado por el arquitecto Demetrio Ortuño, desató las protestas de colectivos conservacionistas y se topó con el rechazo de la Comisión Provincial de Urbanismo. Fue un informe negativo de calado, en el que este organismo marcó la senda para una futura protección del litoral murciano, con especial referencia «a las pequeñas islas e islotes, los apéndices rocosos y los acantilados».
Casi
medio siglo después, la isla de Adentro (o de Paco como se rebautizó
entonces) vuelve a la actualidad porque la Demarcación de Costas del
Estado promueve su deslinde con el fin de reforzar su protección. El
expediente recuerda que ese territorio insular de apenas ocho
hectáreas se encuentra en manos privadas, aunque no es el único.
De los veintitrés islotes e islas que salpican la geografía regional, seis pertenecen a particulares, según la relación recopilada por este diario con información de Ecologistas en Acción y la Consejería de Medio Ambiente. La de Paco es la única en esa situación en la franja mediterránea; las otras cinco islas privadas son las que se encuentran en el Mar Menor.
El resto de espacios insulares (17) forman parte del patrimonio público y su titularidad depende de las administraciones regional y central.
¿Quién puede permitirse poseer una isla privada en la Región? Linajes famosos, grandes fortunas y potentes grupos empresariales están detrás de estas singulares propiedades, que destacan por su riqueza ambiental y un pasado cargado de historia y leyendas. Así, en aguas de la laguna marmenorense, la familia Fuertes, dueña de El Pozo Alimentación y de la promotora Profusa, se hizo con La Perdiguera; descendientes del conde de Romanones, con la del Barón o Mayor (y parece que en el mismo lote entraron las islas Rondella y del Sujeto), y la saga de Tomás Maestre, uno de los principales propietarios de La Manga, con la del Ciervo.
En cuanto a la isla de Adentro, planean dudas. La documentación de Costas, con información del Catastro, señala como titulares a los herederos del matrimonio formado por Blas Muñoz (un promotor mazarronero que ganó fortuna levantando pisos para alquiler en el cinturón metropolitano de Barcelona) y Josefa Calvet. Sin embargo, un familiar apunta a un posible error: «Ni somos los dueños ni nunca nos hemos sentido los propietarios de la isla», declara a La Verdad. «En Mazarrón nos deshicimos de todo el patrimonio; no conservamos nada», añade.
El Registro de la Propiedad apunta a otra titularidad para la isla de Adentro: dos industriales alicantinos, Juan Antonio Tolón de Gai y Felipe Fuster Santamaría, que en las décadas de los 70 y 80 mantuvieron relación por negocios con Yúfera y Blaya. El expediente de deslinde posiblemente venga a arrojar luz en esta cuestión.
Por lo demás, el conjunto de veintitrés islas de la Región sí tienen bastante en común: todas disfrutan al menos de una figura de protección ambiental, lo que da cuenta de su relevancia para el mantenimiento de los ecosistemas. Los territorios insulares del Mar Menor disfrutan de varios blindajes especiales para asegurar la conservación tanto del propio humedal como de las especies que allí habitan.
En cuanto a los islotes e islas del Mediterráneo, constituyen en su conjunto un paisaje protegido y, además, en la mayoría se refuerza esa figura con otras declaraciones referidas a la conservación de aves y otra fauna silvestre. Por ejemplo, en la isla de Escombreras se hace un seguimiento especial al lagarto bético, una especie única.
Desde Ecologistas en Acción señalan que el blindaje ambiental fija las medidas a llevar a cabo. Para «las islas privadas, el principal efecto es la limitación al aprovechamiento urbanístico y turístico, que es lo que generalmente quieren hacer sus propietarios en los enclaves más grandes». A este respecto, el Grupo Fuertes señala que «no hay planes» para La Perdiguera, la segunda isla más grande de la laguna marmenorense. En la Consejería de Medio Ambiente se limitan a decir que los dueños de estos territorios «tienen las mismas obligaciones que cualquier otro que tenga terrenos en espacios protegidos».
De una mina de hierro a un residencial con 400 casas
Cómo acabó la mazarronera isla de Adentro en manos privadas tiene detrás una rocambolesca historia. La finca se inmatriculó en 1885 como una mina de hierro en lo que pudo ser una estrategia del propietario de las salinas para impedir que la fundición Santa Elisa, que se proyectaba en la zona, arrojase sus vertidos en esta playa. Desde entonces, la isla, en cuyas aguas se han descubierto restos fenicios y romanos, ha tenido varios propietarios, entre ellos un cónsul inglés, y ha formado parte de más de una herencia. En sus ocho hectáreas se conservan como únicas construcciones una vivienda, restos de las terrazas de un huerto y un aljibe, de finales del siglo XIX. En los años 70, un proyecto inmobiliario pretendió llenarla de casas, un hotel y un anfiteatro para 3.000 espectadores. Como cabeza visible de la promotora estaba Mariano Yúfera, que en 1979 se convirtió en alcalde de Mazarrón en las primeras elecciones municipales democráticas. La iniciativa fracasó. Como recuerdo quedó la gabarra construida para transportar materiales de obra a la isla.
Fuente: La Verdad



















