miércoles, 4 de febrero de 2026

Contaminación radiactiva en Palomares: 60 años de oprobio por las élites políticas

 

     Estudios de Economía en la Universidad de Valencia. Técnico Superior en Imagen y Sonido. Desde 1985 ha seguido de cerca todo lo relacionado con el accidente de Palomares.

Cuando Estados Unidos comprobó la magnitud de las consecuencias, comenzó la minusvaloración de todos y cada uno de los parámetros que describían su gravedad: superficies contaminadas, niveles de radiactividad, falsificación de los mapas radiométrico

     Hace pocos días se cumplieron 60 años del accidente nuclear de Palomares (Almería, 1966). Desde 1945 no habían caído bombas nucleares en una población. Esta vez no hubo detonación nuclear ni muertos pero sí sobrada radiactividad. El explosivo convencional de dos de las cuatro bombas que cayeron, con una potencia superior a 68 veces la de Hiroshima, dispersó en 635 hectáreas casi diez kilos de plutonio, que es la sustancia más tóxica creada por el hombre.


Actuación en alta mar en Palomares, Almería.

La pérdida y espectacular búsqueda de una de las bombas, junto con la extensión de la contaminación en un lugar poblado, convirtió el accidente en el más importante de la era nuclear, hasta que veinte años más tarde se produjera el de Chernobyl. Pero, ¿por qué se afirma que es una historia abierta, inconclusa e interminable? La razón hay que buscarla desde el principio.

Cuando Estados Unidos comprobó la magnitud de las consecuencias, comenzó la minusvaloración de todos y cada uno de los parámetros que describían su gravedad: superficies contaminadas, niveles de radiactividad, falsificación de los mapas radiométricos reducidos de siete a doce veces, vigentes hasta 2013. No se salvó ni la denominación: la calificación de accidente fue rebajada por el Departamento de Defensa a «incidente», lo que implicaría la inexistencia de contaminación y contaminados por plutonio. Es el término que persiste seis décadas después. Cuando en los inicios aparecieron análisis positivos del radionucleido en los vecinos, fueron invalidados. Los 1.586 soldados con resultados positivos también fueron manipulados y reducidos a solo 422.

La descontaminación norteamericana fue un eficaz paripé destinado solo a la opinión pública. Los bidones transportados a EE. UU. apenas albergaban un 1 % del plutonio diseminado y los dos enterramientos secretos descubiertos 41 años más tarde con 4000 metros cúbicos contienen una quinta parte de las tierras que se comprometieron evacuar a su país.

Incumplieron todo lo que habían acordado por escrito unas semanas antes en Palomares. También la garantía legal de responsabilidad civil que dieron cuando en 1963 pidieron permiso para alojar submarinos nucleares con misiles Polaris en la base de Rota (Cádiz). Fue en el Acuerdo Confidencial de julio de 1964, párrafo tercero, donde se comprometían de manera inequívoca a asumir toda responsabilidad civil derivada en caso de accidente nuclear, donde cualquier reclamación “será resuelta rápidamente a través de la vía diplomática”. Sesenta años no parecen ser nada para los causantes. Este Acuerdo sigue siendo una sólida base legal en el presente para exigir su limpieza.

La pusilanimidad mostrada por la dictadura no tuvo límites. Como más del 75 % del plutonio se quedó donde estaba y dada la futura exposición crónica de los vecinos al tóxico, la Atomic Energy Comission (AEC), la Junta de Energía Nuclear (JEN) y posterior Ciemat acordaron implementar de manera subrepticia un proyecto de investigación con sus habitantes y el medio ambiente.

Fue llamado en clave: «Proyecto Indalo» (1966-2009) sin que existiera el consentimiento informado ni garantía bioética alguna. La finalidad de este acuerdo era la “recopilación de información sobre la absorción y retención de plutonio y uranio en un número representativo de un grupo de población”, según reza lo firmado apenas un mes después del accidente.


Terrenos contaminados por radiactividad en Palomares.

España no solo permitió los incumplimientos. Suscribió con el país causante una historia oficial a la medida de sus intereses. Tuvo como portavoz al ministro Fraga Iribarne, quien afirmó repetidamente que en Palomares todo se había quedado igual o mejor que antes del accidente y que no había peligro para la salud. Los vecinos fueron engañados y expuestos de manera continuada al inventario de plutonio, residiendo en lo que se denomina una «zona de sacrificio», donde el riesgo, al igual que la radiactividad, no se percibe pero existe y las posibles consecuencias patológicas aparecen a largo plazo y resultan muy difíciles de demostrar.

Lo más desalentador fue que la llegada de la democracia no supuso ningún cambio en la exposición radiológica de sus pobladores ni se modificó un ápice la historia oficial sostenida también por los supuestos científicos de la JEN-Ciemat. Siguieron repitiendo que todo había quedado limpio y que no existía peligro alguno.No fue cuestión de ideologías políticas o de siglas. Ni con UCD, PSOE o PP hubo un mínimo avance en la verdad y la protección de los palomareños. Las élites políticas del poder central y centralista mantuvieron con firmeza la falsa historia oficial de la dictadura y la continuada exposición al plutonio de sus habitantes, dando veracidad al aforismo que el escritor Giuseppe Tomasi di Lampedusa puso en boca del protagonista de El Gatopardo: “Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie”.

Gracias a todo lo anterior, el «Proyecto Indalo» se mantuvo activo doce años en dictadura y 31 en democracia. Tras 40 años siendo expuesta la población, cultivando algunas áreas con mucho plutonio, por fin, entre 2006 y 2008 se implementaron las primeras medidas de radioprotección. La medida fue posible porque antes realizaron la caracterización radiológica, con un nuevo mapa de contaminación que derivo en la restricción de acceso y uso con el vallado de 40 hectáreas de áreas contaminadas.


Caseta en la parcela vallada en Palomares.

Es de justicia reconocer que ese único y aislado progreso, ese punto de inflexión en los riesgos en Palomares fue gracias al equipo que formó el científico Juan Antonio Rubio cuando estuvo como presidente del CIEMAT (2003-2010) con la directora de Medio Ambiente, Teresa Mendizábal. Ella nos confesó que los mayores problemas no fueron los escollos técnicos, sino convencer a los políticos, primero del PP y luego a los del PSOE, con la llegada de Zapatero. Ardua tarea.

El impedimento no era tanto los 13,8 millones de euros del coste final, del que EE. UU. solo aportó un 13 %, sino sacar del olvido una “patata caliente” que nadie deseaba ni desea en sus manos. Más aún cuando el Ministerio de Exteriores siempre presiona para que el viejo contencioso no ponga en peligro los intereses de las empresas que están haciendo las Américas, muchas de ellas presentes en los sumarios de financiación ilegal de los partidos.

Rubio y Mendizábal sólo proponían estudiar cuánto, como y dónde se hallaba el plutonio para vallar esas tierras, proteger a sus habitantes y poder elaborar además el Plan de Rehabilitación de Palomares. Algo que consiguieron en 2010, poco antes de fallecer Rubio. Lástima que sus sucesores y el Consejo de Seguridad Nuclear se olvidaran de ese proyecto y volvieran la vista hacia otro lado.

El agravio comparativo es sangrante cuando no existieron problemas para realizar una caracterización y descontaminación en Madrid, dentro del Proyecto Integral para la Mejora de las Instalaciones del Ciemat (PIMIC). Iniciativa que lleva veinticinco años y mucho más de cien millones de euros gastados, en un lugar donde no existía riesgo radiológico alguno a sus trabajadores, donde no reside población. Pero se trata de un lugar próximo a donde viven los gestores políticos y sus familias y no se halla en la periferia peninsular, distante a 525 km.

Cuando se destapó la contaminación real con la que habían convivido los vecinos de Palomares, la historia oficial cambió. Ahora se reconoce la contaminación, pero se repite sin cesar que no hay peligro, como en la Dictadura. También se incluye el mantra de que ha de ser EEUU quien retire esas tierras ―oportuno argumento para la inacción― porque España carece de un lugar donde almacenar residuos de alta actividad como los que se generarían con la limpieza. Lo que sesgan los voceros de las élites políticas es que ello es perfectamente factible, como están los centenares de toneladas de similares residuos del combustible gastado de las centrales nucleares en seis almacenes temporales individualizados (ATI). De igual manera, se podría crear un ATI en el Cabril para Palomares, hasta que la coyuntura política permitiera devolver ese plutonio a sus legítimos propietarios.


La bomba nuclear B28FI, recuperada a 870 metros de profundidad, en la cubierta del USS Petrel.

Dado el maltrato sufrido por las generaciones de Palomares durante estos 60 años, todos los gobiernos, los organismos públicos en general y el Consejo de Seguridad Nuclear y el Ciemat en particular, se hallan en deuda con la población. España está sobradamente preparada para acometer la rehabilitación según el Plan de 2010, para emprender la descontaminación que ponga fin a la angustia y el estigma padecido.

Lo único que falta es voluntad de las élites políticas, las mismas que durante estas seis décadas se han aprovechado de las circunstancias: minorías lejanas, silenciosas e invisibles, padecimientos y riesgos también invisibles.


Fuente: elDiario.es Andalucía

viernes, 30 de enero de 2026

El Cine Rex Vivo en la proyección en Murcia de la película «Sorda», de Eva Libertad






Este jueves pasado, 29 de enero, a las 20 horas, en los cines Centrofama se proyectó, "Sorda", de Eva Libertad, una de las cinco películas candidatas a los Premios del Público «Lux», del Parlamento Europeo. 

A su término tuvo lugar un coloquio con su directora y con la protagonista, Miriam Garlo, acompañadas por el eurodiputado murciano Marcos Ros.

Unos premios participativos, en los que el público vota a las películas candidatas, y que ponen en valor el cine de carácter social.

La Plataforma Cine Rex Vivo tuvo, una vez más, presencia activa desde las 19 h. en apoyo al cine de nuestra tierra, con la esperanza de que en un futuro próximo nuestra centenaria sala reabra sus puertas y albergue actos de esta relevancia.

Por NUESTRO CINE REX y por NUESTRA CULTURA.










jueves, 29 de enero de 2026

La presión vecinal logra desbloquear la limpieza de la Rambla del Garruchal en Murcia y arranca un plan de choque contra las inundaciones

 

 Por Alba Zapata 

    Periodista en Murcia Plaza.


El consistorio municipal activa un saneamiento de emergencia ante el riesgo de lluvias


     La histórica demanda de los vecinos de la zona sur de la huerta parece empezar a encontrar soluciones tangibles. Tras las concentraciones del pasado 11 de enero, donde decenas de ciudadanos exigieron el fin de la desatención institucional ante el riesgo de inundaciones, el Ayuntamiento de Murcia y los colectivos implicados han sentado las bases de un plan de choque técnico para definir las actuaciones de urgencia en la Rambla del Garruchal.


Limpieza en la Rambla del Garruchal.

Este movimiento se produce tras la intervención "de emergencia" iniciada el pasado viernes por los servicios municipales de Parques y Jardines y Limpieza Viaria para retirar residuos y maleza ante la previsión de lluvias.


Reunión del vecindario con el Ayuntamiento de Murcia.

El acuerdo alcanzado establece un calendario por fases que comenzará con el dragado y desbroce del tramo comprendido entre la carretera de Beniaján y el camino de Antolinos, en Torreagüera, para continuar después hasta la vereda del mismo nombre. 

Según ha detallado el portavoz de Bicihuerta y cronista de Torreagüera, Raúl Jiménez, el consistorio asumirá inicialmente los gastos de estas tareas, aunque se ha comprometido a mantener un encuentro clave con la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) para clarificar de quién es la competencia en cada punto. Esta coordinación busca terminar con el vacío administrativo que, según los vecinos, ha provocado que la maleza y los desperdicios se acumulen durante años sin que ninguna administración asumiera el mantenimiento de forma estable.

Además de la retirada de escombros, los colectivos han puesto el foco en la seguridad de las infraestructuras y la integridad del cauce. Entre las peticiones trasladadas destaca la necesidad de asegurar los márgenes de la rambla a la altura de la urbanización Monteazahar y la exigencia de que la Confederación defina con claridad el cauce aguas abajo del nuevo puente de Torreagüera, ya que existen tramos actualmente invadidos por plantaciones que dificultan el flujo del agua.

Este grupo de trabajo, que retomará los contactos próximamente tras una consulta técnica de los servicios municipales, supone un avance cualitativo al pasar de actuaciones puntuales por precaución a una planificación real del entorno que garantice la seguridad de las pedanías de la zona.


Fuente: Murcia Plaza

martes, 27 de enero de 2026

Belleza, pérdida y resistencia: reflexiones desde Cabo Cope

 

   Coordinador de Administración Autonómica de FSC-CCOO Región de Murcia.


     No hablaremos de Venezuela, aunque el mundo nos empuje a hacerlo. Hoy toca hablar de la belleza: la que hemos perdido y la que algunos quieren arrebatarnos. Aspirar a la paz perpetua es cosa de místicos o ingenuos. Somos seres pequeños que se confunden con el paisaje, con su luz y su sombra, con la mirada del cosmos y la mano siempre tensa de la humanidad. Algo de eso se percibe cuando se antepone la captura del tirano al derecho internacional basado en reglas.

Se ha interpretado el réquiem de una gobernanza mundial sustentada en normas. Pero no debemos olvidar la ruptura casi diaria de los consensos nacidos tras la II Guerra Mundial: que en democracia no hay enemigos, sino adversarios; que el racismo, la xenofobia, la desigualdad de género y el uso bruto de la fuerza son rechazables siempre y en todo lugar; que el conocimiento, incluido el social, se rebate mediante el método científico, no mediante ideología; que vivimos en un mundo finito con recursos finitos, donde decrecimiento y optimismo tecnológico deben dialogar desde la responsabilidad y el bien común.

Sin embargo, asistimos a un revisionismo irracionalista que impugna valores universales desde Las Luces. Y también tiene reflejo en la Región de Murcia. El caso de Pedro Costa Morata lo demuestra: hay quienes quieren despojarlo del título de Hijo Predilecto de Águilas. No por su labor investigadora ni por su calidad académica, tampoco por haber evitado la instalación de una central nuclear en su tierra natal.


Pedro Costa Morata

La causa es más prosaica: Costa Morata fue clave para que el litoral de Cabo Cope y Puntas de Calnegre no quedara arrasado por el turismo residencial, tan del gusto de los constructores patrios, aunque con un toque elitista defendido en su momento por el Gobierno Regional.


Parque Regional de Cabo Cope y Calnegre.

Para muchos —incluido quien escribe— la preservación de este litoral bastaría para nombrarlo Hijo Predilecto de la Región de Murcia. 


La montaña litoral de Cabo Cope, al fondo, con la torre defensiva del siglo XVI en primer término.

Solo hay que recorrer Cabo Cope y Puntas de Calnegre, a pie o en bicicleta, para respirar belleza, luz y vida: atributos que ya no existen en el Mar Menor, donde «el mar reverberaba a la luz del sol como un mantel de hule», donde se contemplaba «el paisaje vacío, el agua quieta, los juncos inmóviles« y donde «la luz vesperal impregnaba el aire de una fosforescencia indecisa». Así lo describió Juan Goytisolo en Fin de fiesta (1962).

Dos años antes, Goytisolo publicó Campos de Níjar, donde indaga en un paisaje árido pero con una luz intensa que lo dota de belleza extraña y silenciosa. Posiblemente tomó notas para ambos textos en un mismo viaje, a finales de los cincuenta. Entonces halló paisajes silenciosos cuya señal de identidad era la pobreza. El Mar Menor murió, La Manga también, y ya no pudo ser reserva de la biosfera ni envidia de la humanidad, como lo son hoy Doñana o Cabo de Gata, en los Campos de Níjar, donde «el color no es color, es tan solo la luz. Y la luz sucedía a la luz en las láminas de tenue transparencia» (José Ángel Valente).


El Mar Menor murió.

¡Son tan pocos los motivos, pero tan hermosamente universales, para que Costa Morata siga siendo Hijo Predilecto de Águilas y se le conceda el de la Región! Que algún poeta o escritor pueda aún en 2026 describir la belleza de ese territorio contemplado por los dioses y por nosotros, los mortales, es suficiente. Como lo hizo Carmen Conde en Los poemas del Mar Menor («¡Oh mar de mi tierra/oh mar de Palestina!»), Valente o Goytisolo con el Cabo de Gata.



Fuente: La Opinión de Murcia

lunes, 26 de enero de 2026

La ausencia de legislación autonómica tumba la modificación de Lorca para alejar las casas de apuestas de los centros educativos

 

 Por Gloria Piñero   

      Periodista en elDiarioRegióndeMurcia.es y guionista.


En 2023, el ayuntamiento de este municipio, donde los salones de juegos triplican la media nacional, intentó utilizar el urbanismo como herramienta para frenar la ludopatía entre los jóvenes. Su plan se ha visto truncado por una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Murcia


     En Lorca, los salones de juegos triplican la media nacional. Mientras que en la mayoría de localidades españolas suele haber un local de este tipo por cada 13.000 habitantes, en este municipio, el tercero más poblado de la Región de Murcia, hay uno por cada 4.000. En algunos barrios, los locales de apuestas se han convertido en el primer negocio que los jóvenes ven al salir del instituto, mientras que para acceder a un centro polideportivo o una biblioteca deben caminar kilómetros.


La Policía Local de Lorca interviene en una reyerta con heridos a las puertas de un polémico salón de juegos situado frente a un instituto.


La ubicación de estos locales junto a centros educativos hace años que encendió todas las alarmas. Especialmente en una región donde más de 7.000 menores ya apuestan diariamente, según un informe del Departamento de Sociología de la Universidad de Murcia (UMU). Es la heroína del siglo XXI. Una industria que mueve 373 millones de euros anuales en este territorio, con base en los datos aportados por el Consejo Empresarial del Juego (CeJuego).


Para muchos padres y educadores la cercanía de salones de apuestas y juegos de azar tan cerca de donde se forman los jóvenes normaliza una actividad que puede ser especialmente dañina para personas jóvenes y vulnerables.

Especialistas en salud mental y adicciones también han advertido en numerosas ocasiones del riesgo que supone la exposición temprana al juego para los jóvenes. Numerosos estudios apuntan a que el juego puede convertirse en un grave problema para una proporción significativa de personas jóvenes con edades clave comprendidas entre los 14 (que es la de iniciación) y los 25 años.


En la Región de Murcia, más de 7. 000 menores ya juegan y apuestan a diario.

Las adicciones al juego no solo implican pérdidas económicas, sino que están asociadas a trastornos de ansiedad, deterioro de relaciones personales y trastornos emocionales profundos, especialmente cuando el juego se vincula a entornos familiares con mayor vulnerabilidad socioeconómica.

El psicólogo clínico especializado en trastornos de conducta y patología dual en adolescentes, Jordi Royo i Isach, explica los primeros signos de ludopatía en los jóvenes: “Suele haber un cambio de comportamiento, que incluye la irritabilidad o ansiedad cuando no pueden jugar. También mienten sobre el tiempo y el dinero invertido en apostar, y pierden el interés por otras actividades, de modo que el juego se convierte en su principal fuente de ocupación, dejando de lado los estudios y otras aficiones y aislándose de su entorno”.

Para este especialista, los casos más graves pasan por llevar a cabo conductas arriesgadas, incluidos delitos, para conseguir dinero para jugar. Hay un dato aún más alarmante: el 20% de los jugadores patológicos intentarán suicidarse durante su vida, como recuerda la reconocida psicóloga especializada en Psicología Clínica y Conductas Adictivas, Sara Meca.

Focos de conflictos e inseguridad

Para muchos vecinos de Lorca, estos establecimientos no solo representan una amenaza social, sino también un foco de inseguridad, ruido y desorden en barrios que, por otra parte, siguen pendientes de inversiones en espacios deportivos, culturales o de ocio juvenil.

Carmen L. vive frente al Instituto de Educación Secundaria (IES) José Ibáñez Martín. Justo enfrente de la puerta de acceso a este centro educativo hay un salón de juegos. “Se ha vuelto insoportable vivir aquí. Hay peleas constantes, gritos de madrugada, o consumo de alcohol y drogas en las inmediaciones de nuestros portales, donde también hacen sus necesidades los usuarios de este local”, cuenta a elDiario.es Región de Murcia. “He perdido la cuenta de las veces que ha venido ya la policía para disolver reyertas”, relata otra vecina. “Queremos poder vivir tranquilos. Este tipo de locales deberían estar donde no generen problemas”, añade un comerciante de la zona.


Dos agentes realizan una inspección en uno de los salones de juego implantados en el municipio.

Los residentes afectados y también la comunidad docente de este instituto y de otro próximo, el IES Francisco Ros Giner, llevan meses recogiendo firmas entre familias y alumnado. De momento, no hay respuesta a sus reivindicaciones.

El intento de regulación y la respuesta judicial

Parte de la proliferación de salones de juego en Lorca se explica por una ausencia de legislación autonómica ambiciosa. A día de hoy, la normativa de la Región de Murcia no contempla distancias mínimas obligatorias que impidan que estos locales se ubiquen cerca de colegios o institutos. Esto deja a los municipios como Lorca con pocos instrumentos regulatorios efectivos, obligándolos a recurrir al planeamiento urbanístico —como el Plan General Municipal de Ordenación (PGMO)— para intentar limitar la expansión del juego.

Así, en el año 2020, desde el Grupo Municipal de IU-Verdes, en la oposición en el Ayuntamiento de Lorca, se empezó a trabajar en una propuesta de modificación del PGMO que suscitara el consenso de todas las fuerzas políticas con representación en el pleno municipal que debía aprobarla. Y se consiguió.

En enero de 2023, todos los partidos acordaron esta reforma del PGMO para establecer distancias claras: 1.000 metros entre salones de juego y 500 metros respecto a centros educativos, sanitarios, deportivos o culturales. El objetivo era proteger a la ciudadanía y, especialmente, a los más jóvenes, de la ludopatía. Con la adopción de las nuevas distancias, en la práctica, en Lorca ya no podrían abrirse más locales de juego.

Sin embargo, la medida chocó con la justicia. Hace unos días, la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Murcia (TSJRM) anuló esta reforma urbanística.

La sentencia estimó el recurso presentado por varias empresas del sector del juego argumentando que la medida municipal no contaba con justificación técnica ni legal suficiente para imponer distancias más restrictivas que las fijadas por la normativa de la comunidad autónoma, que es la que tiene la competencia principal en materia de juegos y apuestas.

Sesión del Pleno del Ayuntamiento de Lorca en la que se aprobó la modificación del Plan General para alejar las casas de apuestas de los centros educativos.

Según el TSJRM, el Ayuntamiento había excedido los límites al endurecer las condiciones sin un respaldo sólido que explicara por qué eran necesarias esas distancias más amplias. En resumidas cuentas, mientras la Asamblea de Región de Murcia siga sin aprobar distancias mínimas obligatorias, los municipios seguirán con las manos atadas para abordar este problema de salud pública.

En septiembre de 2018, el presidente Fernando López Miras (PP) anunció un decreto para establecer una distancia mínima entre centros educativos y salones de juego. Ocho años después, esa iniciativa está “completamente paralizada”, como denuncia José Luis Álvarez-Castellanos, diputado regional de Izquierda Unida-Verdes, quien acusa al mandatario murciano de “plegarse a los intereses de la patronal del juego”.

Álvarez-Castellanos explica las claves: “En la Región de Murcia, cuando los propietarios de los salones de juegos renuevan las licencias, la administración vuelve a tener en cuenta las condiciones iniciales existentes en el momento de su concesión, y no las nuevas derivadas de cambios normativos, que es lo que exige el artículo 7.2 de la Ley regional del Juego y las Apuestas”, que establece que las condiciones para la renovación de las licencias son las vigentes en el momento de su solicitud. Si se aprobaran distancias mínimas a centros educativos —como sucede en la mayoría de las autonomías españolas—, muchas casas de apuestas “tendrían los días contados”. Por eso, “el Gobierno regional decidió paralizar el asunto y dejarlo morir en un cajón”, denuncia el parlamentario de IU-Verdes.

Regulaciones autonómicas frente a la “barra libre” en Murcia

El debate abierto en Lorca no es una excepción en España. En los últimos años, varias comunidades autónomas y algunos grandes municipios han endurecido su normativa para alejar los salones de juego y casas de apuestas de los centros educativos, sanitarios y espacios frecuentados por menores, precisamente para frenar la ludopatía juvenil.

El caso más citado es el de la Comunidad Valenciana, pionera en este tipo de regulación. Desde 2020, su ley autonómica exige una distancia mínima de 850 metros entre los locales de juego y centros educativos, sanitarios o deportivos, además de imponer separación entre los propios salones. La medida supuso, en la práctica, un freno casi total a nuevas aperturas en zonas urbanas consolidadas, tal y como se pretendía en Lorca.

En la Región de Murcia, la industria del juego incluso patrocina eventos populares, como los relacionados con el Entierro de la Sardina.

Otras regiones han seguido ese camino, aunque con distancias más moderadas. En Castilla y León, una reforma legal aprobada en 2023 amplió de 100 a 150 metros la distancia mínima respecto a colegios e institutos, y fijó hasta 300 metros entre establecimientos de juego, con el objetivo de evitar la concentración en barrios concretos. Andalucía también establece actualmente una distancia de 150 metros para nuevos locales, mientras que Canarias dio un paso más en 2024 al elevar esa separación hasta los 300 metros.

En grandes áreas urbanas, el debate ha sido aún más intenso. Barcelona, por ejemplo, aprobó un plan especial que fijaba 800 metros de distancia respecto a centros educativos y otros equipamientos sensibles. Aunque parte de esa regulación fue posteriormente anulada por los tribunales, el caso ilustra hasta qué punto algunos ayuntamientos han intentado utilizar el urbanismo como herramienta de salud pública ante la falta de respuestas más contundentes desde otros niveles administrativos.

A las puertas de una batalla jurídica y política en Lorca

La anulación del plan ha provocado reacciones políticas y sociales en Lorca. El PSOE local, a través de su portavoz Isabel Casalduero, ha reclamado públicamente que se recurra la sentencia y se agoten todas las vías judiciales para defender la normativa aprobada en 2023.

Casalduero sostiene que permitir que los salones de apuestas puedan instalarse frente a institutos, centros de salud o zonas sensibles es “incomprensible” y que la polémica no debe quedarse en un debate técnico: “La ludopatía destroza vidas, familias y proyectos vitales cada día. Lo mínimo que podemos hacer es alejar estos focos de adicción de los más vulnerables”, ha declarado.


En los barrios de Lorca proliferan los salones de juego, un 'foco de adicción' según la concejala del PSOE, Isabel Casalduero.

Vecinos, familias y asociaciones también reclaman una legislación autonómica que fije distancias, límites y controles efectivos, así como programas educativos en escuelas e institutos, campañas de prevención y el impulso de alternativas de ocio saludable para los jóvenes.

Mientras tanto, la ciudad se prepara para una batalla jurídica y política que definirá si la protección de la ciudadanía ocupará un lugar prioritario frente a los intereses de los operadores del juego o si, por el contrario, la normativa actual seguirá alentando su expansión sin freno, permitiendo que estos locales sigan abriendo más puertas en el corazón de los barrios y cerca de los centros que deberían proteger el futuro de la juventud.



Fuente: elDiario.es Región de Murcia