jueves, 19 de marzo de 2026

Lecciones del Mar Menor

 

      Economistas sin Fronteras.


El Mar Menor simboliza el choque entre desarrollo y sostenibilidad. De su colapso ambiental a su reconocimiento como sujeto de derechos, su historia combina crisis, innovación y esperanza para repensar nuestra relación con la naturaleza


     El Mar Menor es una laguna de 135 km² ubicada en Murcia, equivalente aproximadamente a un tercio de Andorra o a la mitad de Malta. Ha sido ocupado por los humanos desde el Paleolítico y en él se han encontrado restos arqueológicos de civilizaciones íberas. Los romanos lo llamaron Belich Mare Palus, “laguna”; y los árabes, Buhayrat al-Qasr, “la Albufera del Alcázar”. Tras la Reconquista se le denominó simplemente Albufera, hasta que se impuso su nombre actual: Mar Menor. Esta denominación lo diferencia de su hermano mayor, el Mediterráneo, unas 18.500 veces más extenso y del que le separa una manga de 21 kilómetros. Desde el siglo XX fue uno de los paisajes más reconocibles del sureste: un ecosistema singular, con un fuerte vínculo cultural local y un motor económico.

Sin embargo, el modelo de desarrollo nunca tuvo en cuenta el equilibrio con el ecosistema. La agricultura y la ganadería se intensificaron; el sector turístico apostó por el volumen más que por el valor añadido, con una presión creciente sobre el territorio; y los impactos de otras actividades, como la minería en las sierras cercanas, fueron acumulándose.

El resultado fue un colapso multicausal. Apartir de la década de 1960, el Mar Menor pasó a verse —en palabras de Teresa Vicente— “como un vertedero y como una fuente de beneficios”.


Colapso multicausal del Mar Menor.

Teresa Vicente, catedrática de Filosofía del Derecho, es precisamente una de las figuras clave en esta historia. Lideró una iniciativa popular sin precedentes, respaldada por 640.000 firmas, para dotar al Mar Menor de personalidad jurídica. La iniciativa dio lugar a una ley pionera en Europa: por primera vez, un ecosistema obtenía derechos propios reconocidos en el ordenamiento jurídico. El cambio era conceptual. El Mar Menor dejaba de ser únicamente un objeto de protección ambiental para convertirse en un sujeto de derechos: derecho a existir, a evolucionar de forma natural, a ser protegido, conservado y restaurado.


El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.

Este hecho histórico es un referente por múltiples razones. Fue el primer proceso de este tipo en Europa y, además, nació directamente desde la ciudadanía y no de partidos políticos. La iniciativa ha tenido un fuerte reconocimiento internacional: la ONU lo ha reconocido como uno de los World Restoration Flagships, Teresa Vicente recibió el Premio Goldman, considerado el Nobel ambiental, y el caso ha servido de inspiración para otras iniciativas, como la del río Tins en Galicia o el creciente interés en ecosistemas como el Manzanares, la Albufera de Valencia, el Delta del Ebro o Doñana.

Situación actual: la personalidad jurídica en práctica

Lejos de ser el final del camino, la personalidad jurídica del Mar Menor es el inicio de un intento de curar un ecosistema en estado crítico. La ley fue ratificada por el Tribunal Constitucional frente a la oposición de algunos partidos, y hoy el Mar Menor tiene NIF, cuenta bancaria y una estructura de gobernanza compuesta por tres órganos: un Comité de Representantes, una Comisión de Seguimiento —los “guardianes”— y un Comité Científico. La ley establece que cualquier vulneración de sus derechos puede generar responsabilidad penal, civil, ambiental y administrativa.

Esto ya no es teórico. El Mar Menor, a través de sus representantes, ha comenzado a personarse en procedimientos judiciales, por ejemplo frente a daños derivados de vertidos.

El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.


En paralelo, se ha puesto en marcha el Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor, con un presupuesto de 675 millones de euros. Entre sus medidas destacan la creación de un cinturón verde alrededor de la laguna, el cierre de miles de hectáreas de regadío ilegal, la restauración de ecosistemas en la cuenca vertiente o el replanteamiento de ciertas infraestructuras, como puertos.

Sin embargo, las tensiones persistenTeresa Vicente ha dimitido como Tutora del Mar Menor, denunciando obstáculos y fricciones con las administraciones estatal y autonómica, a las que acusa de priorizar sus propios intereses frente a la defensa del ecosistema.

Y, mientras tanto, ¿cómo está la laguna en 2026? El Mar Menor sigue enfermo. No se han repetido episodios como el de 2019, pero, por ejemplo, en octubre de 2025 se produjo un nuevo episodio de anoxia, breve pero intenso, tras la dana Alice. La propia Teresa Vicente lamenta que “en una zona semidesértica donde la lluvia debería ser motivo de celebración, la dana nos hace temblar, porque arrastra (los fertilizantes de) la agricultura intensiva y los purines de la ganadería hacia la laguna, lo que unido a otros factores como el calor provoca de nuevo la anoxia”.


Abrazo al Mar Menor.

El Mar Menor: entre esperanzas y tensiones

El caso del Mar Menor es muchas cosas a la vez. Es, en primer lugar, un precedente ambiental y económico. Durante años, los impactos sobre el ecosistema fueron tratados como externalidades o problemas del futuro. Hasta que dejaron de serlo. Cuando el desequilibrio del ecosistema se materializó, el propio modelo económico que lo causó quedó gravemente afectado: el valor de los activos turísticos ha disminuido significativamente, la actividad pesquera se ha visto mermada y la agricultura intensiva junto a la laguna se ha prohibido. Esto muestra que la necesidad de un equilibrio entre economía y naturaleza ha dejado de ser una cuestión teórica, y puede prepararnos para afrontar otras crisis ambientales.

Es también un precedente de ciudadanía. En un contexto de polarización política, más de 640.000 personas se pusieron de acuerdo para defender un bien común, algo que parece inverosímil hoy en día. Esto muestra que los ciudadanos, más allá de los colores políticos con los que se identifican, pueden encontrar espacios de entendimiento y cooperar.

Es, además, un precedente jurídico y de gobernanza. El Mar Menor ya tiene derechos. Pero esto abre una tensión inevitable: sigue sin tener una voz propia y está representado por un grupo de humanos. Y esos humanos tienen intereses e incentivos distintos. Algunos priorizan la protección del capital natural a toda costa; otros, objetivos económicos o políticos. La gobernanza del medioambiente será un espacio de tensión constante, como refleja la dimisión de la líder de este movimiento por la percepción de intereses en las administraciones que van más allá de la protección de la laguna. Sin embargo, esas mismas administraciones, criticadas por defender “lo suyo”, son también las estructuras democráticas que representan la voz de la ciudadanía en ese proceso.

Para mí, el Mar Menor refleja que nada es simple y me enfrenta a varios sentimientos a la vez. El colapso ambiental fue devastador. La reacción ciudadana fue extraordinaria. La innovación jurídica es histórica. Su implementación es compleja. Y el futuro sigue abierto. Este caso puede extrapolarse a otros de los grandes problemas de nuestro tiempo donde conviven el bien y el mal, y la esperanza y las tensiones.

Cierro este artículo con una reflexión del Tribunal Supremo de 1990 citada en la propia ley de personalidad jurídica del Mar Menor: “La diferenciación entre males que afectan a la salud de las personas y riesgos que dañan otras especies animales o vegetales y el medio ambiente se debe, en gran medida, a que el hombre no se siente parte de la naturaleza sino como una fuerza externa destinada a dominarla o conquistarla para ponerla a su servicio. Conviene recordar que la naturaleza no admite un uso ilimitado y que constituye un capital natural que debe ser protegido”.


Fuente: El Salto

jueves, 12 de marzo de 2026

Vecinos de Cartagena denuncian inacción del SEPRONA ante vertidos y posible riesgo radiológico en El Hondón

 

 Por Rosa Roda   
       Periodista murciana.

El vecindario pide una reunión urgente con el Delegado del Gobierno, Francisco Lucas, y con los mandos de la Guardia Civil y recuerdan que el Seprona tiene la obligación legal de actúar


     La Asociación de Vecinos del Sector Estación y la Plataforma de Suelos Contaminados de Cartagena han presentado un escrito ante la Delegación del Gobierno en el que cuestionan abiertamente la actuación del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil en el entorno de El Hondón. Lo que reprochan no es una decisión concreta, sino algo que consideran más profundo: la percepción de que, ante un problema que califican de estructural y persistente, la respuesta institucional ha sido más administrativa que operativa.


Irresponsabilidad de las administraciones con los terrenos de El Hondón.

El núcleo de la crítica no se sitúa en el plano jurídico, sino en el terreno práctico. Según los firmantes, las intervenciones realizadas hasta ahora no se han traducido en actuaciones materiales suficientes sobre el terreno. En su escrito enumeran lo que, a su juicio, debería haberse producido: personación inmediata en las zonas denunciadas, inspecciones técnicas in situ, levantamiento de diligencias completas, identificación de focos y posibles responsables, así como toma de muestras con cadena de custodia para su análisis en laboratorios acreditados.


Suelos mineros El Hondón en Cartagena.

Los colectivos recuerdan que el SEPRONA actúa como policía judicial especializada en materia medioambiental y que, ante la posible existencia de delitos contra el medio ambiente o la salud pública, su actuación -según sostienen- no debería limitarse a la mera tramitación administrativa o a la remisión de escritos entre organismos.

Escorrentías hacia el Mediterráneo

Para los vecinos, el problema no es nuevo. Pero sí lo es, aseguran, el grado de exposición actual. En el escrito describen la presencia de residuos peligrosos dispersos en antiguos enclaves industriales del entorno de El Hondón y Los Mateos. Sostienen que algunos de esos materiales son arrastrados por la lluvia hacia la rambla de El Hondón y la rambla del Cobre, cauces que finalmente desembocan en el mar Mediterráneo.

También alertan de la dispersión aérea de partículas. Según explican, el viento levanta polvo procedente de estos terrenos que termina depositándose en terrazas, patios y, en ocasiones, dentro de las propias viviendas.

El polvo que entra en casa

Uno de los aspectos que consideran más sensibles es la posible presencia de materiales similares a fosfoyesos con componente radiológico natural (NORM). Los vecinos subrayan que no afirman que exista un riesgo confirmado, pero sí reclaman que se investigue y se mida con rigor.

Por este motivo solicitan, si fuera necesario, la intervención del Consejo de Seguridad Nuclear para evaluar la naturaleza de los materiales presentes en la zona. Argumentan que cuando el polvo entra en los hogares deja de ser un problema exclusivamente industrial o urbanístico y pasa a afectar directamente a la salud, a la intimidad y a los derechos fundamentales de las personas.

El escrito cita expresamente varios preceptos constitucionales: el artículo 15, relativo al derecho a la vida y a la integridad física; el artículo 18, que protege la inviolabilidad del domicilio; el artículo 43, sobre la protección de la salud; y el artículo 45, que reconoce el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado.

Petición de intervención estatal

La denuncia no se dirige únicamente a la Guardia Civil. Los vecinos apuntan también a posibles responsabilidades de distintos organismos estatales. Señalan que, si existe afección a cauces públicos, la competencia corresponde a la Confederación Hidrográfica del Segura. Y si los arrastres alcanzan el litoral, debería intervenir la Demarcación de Costas del Estado en Murcia.

Por ello reclaman la convocatoria urgente de una reunión en la Delegación del Gobierno en la que participen todas las administraciones implicadas: Guardia Civil, organismos hidráulicos, Demarcación de Costas y, en su caso, el Consejo de Seguridad Nuclear.

Su objetivo, explican, es evitar que el problema continúe diluyéndose en intercambios de informes entre administraciones. Reclaman un calendario claro de actuaciones, inspecciones sobre el terreno y resultados verificables.

Un problema que, dicen, sigue activo

Cartagena convive desde hace décadas con el legado de su pasado industrial: antiguas fundiciones, vertederos y depósitos de residuos vinculados a la actividad minera y metalúrgica. Pero los vecinos sostienen que la situación actual no puede considerarse únicamente un pasivo histórico ya clausurado.

Según exponen en su escrito, se trataría de un escenario activo en el que los materiales siguen desplazándose con la lluvia y el viento, con posibles efectos sobre el entorno urbano.

Los colectivos advierten de que, si no se producen actuaciones efectivas, estudian trasladar la situación a la Fiscalía y también a la Comisión Europea por un posible incumplimiento de la normativa comunitaria en materia de residuos, aguas y calidad del aire.

La Delegación del Gobierno deberá decidir ahora si convoca la reunión solicitada por los colectivos vecinales. Mientras tanto, los vecinos mantienen su reclamación de actuaciones sobre el terreno para determinar si las irregularidades denunciadas pueden constituir un posible delito medioambiental o si, como temen, la contaminación continúa avanzando sin una respuesta efectiva.

¿Qué órdenes reciben los agentes del Seprona en Cartagena?

Un documento interno de la Guardia Civil, fechado el 1 de marzo de 2025 y firmado por el jefe de la Patrulla de Protección de la Naturaleza (PAPRONA) de Cartagena, refuerza las críticas vecinales sobre la falta de actuaciones operativas ante los problemas de contaminación en la zona. El informe, al que tuvo acceso RRNEWS, señala que no se realizó ninguna intervención sobre el terreno tras recibir tres denuncias enviadas por correo electrónico entre el 5 y el 18 de marzo sobre la situación del vertedero de residuos peligrosos de Torreciega tras varios episodios de lluvias intensas.


El SEPRONA en El Hondón.

Según el documento, las denuncias siguieron un recorrido administrativo entre distintas unidades -SEPRONA de Cartagena, UPRONA de Murcia y el juzgado- sin que se ejecutaran inspecciones ni actuaciones materiales. En una de ellas se alertaba de que más de 41 millones de litros de agua contaminada con metales pesados podrían haber sido arrastrados hacia la dársena del puerto de Cartagena desde los terrenos de la antigua Española del Zinc. Otra advertía del posible vertido de unos 2,5 millones de litros de lixiviados y residuos peligrosos hacia la rambla del Hondón, mientras que una tercera denunciaba movimientos de sustancias peligrosas dentro de la parcela contaminada sin medidas de prevención.

Es decir, el UPRONA de Murcia ordena informar, pero no actuar. El 31 de marzo, UPRONA de Murcia envió un correo electrónico indicando que debía informarse al denunciante de que las denuncias habían sido remitidas al juzgado. Eso es todo. Cierre administrativo. Ninguna instrucción sobre medidas preventivas, inspecciones o seguimiento. Nada.

El documento oficial que detalla todo este proceso, y que lleva el sello de la Dirección Adjunta Operativa de la Guardia Civil, expone de manera descarnada un sistema que funciona a base de correos, órdenes contradictorias y, sobre todo, inacción.

El propio documento refleja problemas de coordinación entre unidades y concluye que las denuncias fueron finalmente remitidas al juzgado, sin que conste la realización de inspecciones ni medidas preventivas sobre el terreno. Para los colectivos vecinales, este episodio evidencia una gestión basada en trámites administrativos y comunicaciones internas, pero con escasa respuesta operativa ante un problema ambiental que consideran grave. Los vecinos saben que algo pasa con el Seprona y por eso piden una reunión urgente con el Delegado del Gobierno y los altos mandos de la Guardia Civil.

Fuente: RRNEWS

lunes, 9 de marzo de 2026

Un estudio del CSIC ya alertó en 2014 de las peligrosas concentraciones de plomo en suelos agrícolas de Cartagena

 

 Por Rosa Roda   
       Periodista murciana.


El estudio detectó que no solo hay plomo acumulado en la tierra, sino que una parte de ese plomo puede liberarse con relativa facilidad y estar disponible para los cultivos, como frutas, verduras y hortalizas


     En 2014, un estudio científico ya alertó de las altas concentraciones de plomo presentes en suelos agrícolas del entorno de Cartagena y La Unión. El estudio se publicó la revista internacional Science of the Total Environment reveló que los suelos agrícolas del entorno de Cartagena y La Unión contienen concentraciones de plomo extraordinariamente elevadas, muy por encima de los niveles habituales en Europa y España.




La investigación, realizada por científicos del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) y del Instituto de Ciencias Agrarias del CSIC, analizó la contaminación por metales pesados en el distrito minero de Cartagena-La Unión y concluyó que la herencia de más de dos mil años de minería sigue presente en el suelo del territorio, incluso en áreas agrícolas donde se producen alimentos.

El trabajo se publicó hace ya once años, pero sus conclusiones siguen siendo contundentes: la mayoría de los suelos agrícolas estudiados presentan niveles de plomo que superan ampliamente los valores considerados normales para suelos mediterráneos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera el plomo uno de los contaminantes ambientales más peligrosos para la salud humana. En sus fichas técnicas y evaluaciones de riesgo, la OMS advierte que no existe un nivel seguro de exposición al plomo, especialmente en niños.

El estudio del CSIC viene a reforzar los resultados de una investigación de 2023 realizada de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y dirigida por Ángel Faz, cuyos datos cuestiona la Consejería de Agricultura y permanece oculto. Según el informe de la UPCT existen altas concentraciones de metales pesados en suelos agrícolas del Campo de Cartagena (plomo, cadmio, zinc y cobre».


Puntos de muestreo del CSIC.

193 muestras de suelo para analizar la contaminación

Para evaluar el alcance del problema, los investigadores tomaron 193 muestras de suelo repartidas por el distrito minero.

El muestreo se organizó en tres tipos de territorio: 66 muestras en zonas mineras, próximas a residuos y antiguas explotaciones; 76 muestras en zonas naturales, con vegetación mediterránea y restos mineros antiguos y 51 muestras en zonas agrícolas, donde se cultivan frutas y hortalizas.

Estas zonas agrícolas se encuentran a cierta distancia de las minas, pero dentro del área de influencia del distrito minero y de los sedimentos procedentes de los residuos.




Concentraciones de plomo muy por encima de los valores normales

Los resultados del análisis químico del suelo revelan concentraciones de plomo que los propios investigadores califican de muy elevadas.

En el conjunto del área estudiada, la media alcanza: 5.202 mg/kg de plomo total en el suelo y 261,9 mg/kg de plomo biodisponible. Pero el dato que más preocupa aparece en los suelos agrícolas.

En estos terrenos, la concentración media de plomo alcanza los 2.633 mg/kg. Una cifra que multiplica por decenas los valores habituales en suelos agrícolas, lo que equivale aproximadamente a 2,6 gramos de plomo en cada kilo de suelo.

El estudio compara estos resultados con los niveles de referencia:




Esto significa que los suelos agrícolas del entorno de la Sierra Minera contienen entre 70 y 180 veces más plomo que los niveles habituales.

Pero el estudio no solo midió la cantidad total de plomo presente en el suelo. También analizó qué parte de ese metal puede moverse en el suelo y ser absorbida por las plantas, utilizando un método llamado DTPA. En este caso, la media fue de 162,7 miligramos por kilo.

Dicho de forma sencilla: no solo hay plomo acumulado en la tierra, sino que una parte de ese plomo puede liberarse con relativa facilidad y estar disponible para los cultivos, como frutas, verduras y hortalizas.

Además, estas cifras superan ampliamente varios valores de referencia establecidos en la normativa. El Real Decreto de nutrición sostenible de los suelos agrícolas fija un máximo de 100 mg/kg, mientras que los niveles genéricos de referencia para uso agrícola sitúan el límite en 113 mg/kg.

Frente a esos valores, el estudio detecta 2.633 mg/kg de plomo total en el suelo y 162,7 mg/kg de plomo biodisponible, lo que significa que las concentraciones encontradas superan con creces los niveles considerados aceptables para suelos agrícolas.

El 90 % de los suelos agrícolas supera los niveles de referencia

La investigación advierte además de que la contaminación está ampliamente extendida.

Según los datos del estudio: “El 90 % de los suelos agrícolas presentan concentraciones de plomo por encima del valor de referencia de 137 mg/kg para suelos mediterráneos”.

Es decir, la gran mayoría de los terrenos agrícolas analizados están contaminados por plomo por encima de los valores considerados normales.

Zonas con niveles aún más extremos

Aunque las zonas agrícolas ya presentan niveles elevados, las concentraciones más extremas se registran en áreas próximas a residuos mineros.

En algunos puntos del distrito minero, los investigadores detectaron valores de hasta 30.000 mg/kg de plomo en el suelo.

Estos niveles se encuentran entre los más altos documentados en estudios de contaminación minera.

Qué se cultiva en estas zonas

El estudio describe las áreas agrícolas analizadas como terrenos dedicados al cultivo de frutas y hortalizas, típicos del entorno agrícola del Campo de Cartagena.

Estas explotaciones se sitúan en zonas llanas alrededor de la Sierra Minera, donde se han acumulado sedimentos finos procedentes de procesos erosivos y de la dispersión de residuos mineros.

Este contexto explica que los metales pesados puedan encontrarse en suelos agrícolas aunque las parcelas no estén situadas directamente sobre antiguas explotaciones mineras.

Riesgos potenciales para la salud

El estudio recuerda que la presencia de plomo en el suelo puede tener consecuencias para la salud humana, especialmente cuando se producen exposiciones prolongadas.

Los autores citan investigaciones que indican que: «cuando las concentraciones de plomo en el suelo superan los 200 mg/kg, aumenta el riesgo de discapacidad intelectual en niños»

En las zonas agrícolas analizadas, la concentración media supera los 2.600 mg/kg, es decir, más de diez veces ese umbral.

Aunque el estudio se publicó en 2014, sus conclusiones constituyen una advertencia temprana sobre el impacto ambiental persistente de la minería histórica en el entorno de Cartagena y La Unión.

El trabajo científico deja claro que la contaminación por plomo no se limita a las escombreras o a las antiguas explotaciones, sino que alcanza también a áreas agrícolas situadas alrededor de la Sierra Minera y no consta que el Gobierno regional haya adoptado medida alguna teniendo competencias en materia de agricultura, medio ambiente y sanidad.

Un territorio marcado por más de 2.500 años de minería

El distrito minero de Cartagena-La Unión fue durante siglos uno de los principales centros de extracción de plomo, zinc y hierro de Europa. La actividad minera comenzó en época romana y se prolongó durante más de 2.500 años, alcanzando su máximo desarrollo durante el siglo XIX.

La explotación cesó definitivamente en 1991, pero el paisaje conserva todavía enormes cantidades de residuos mineros, escombreras y depósitos de estériles metalíferos que siguen liberando metales pesados al medio ambiente.

El estudio recuerda que estos residuos constituyen un foco permanente de contaminación y que la presencia de metales pesados en el suelo del distrito minero está estrechamente ligada a la actividad minera histórica.

Una sustancia peligrosa

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que el plomo continúa siendo una de las sustancias químicas más peligrosas para la salud pública mundial. En su ficha técnica titulada “Intoxicación por plomo y salud”, el organismo internacional recuerda que la exposición a este metal pesado puede provocar daños graves en numerosos órganos y sistemas del cuerpo humano, especialmente en la infancia.

Según la OMS, cuando el plomo entra en el organismo se distribuye por órganos como el cerebro, el hígado, los riñones y los huesos, donde puede acumularse durante largos periodos de tiempo. En los huesos y los dientes puede permanecer durante años y, en determinadas circunstancias -por ejemplo durante el embarazo- volver a liberarse al torrente sanguíneo.

La OMS considera el plomo una de las diez sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública, debido a la magnitud de sus efectos y a la extensión de la exposición en todo el mundo. El organismo subraya además que no existe un nivel seguro de exposición, especialmente en los niños.

La exposición al plomo puede provocar alteraciones neurológicas, daños en los riñones, trastornos cardiovasculares y problemas reproductivos. En los adultos se ha asociado con hipertensión arterial y enfermedad renal crónica.

Los niños pequeños son especialmente vulnerables porque su organismo absorbe una mayor proporción de plomo que el de los adultos y porque su sistema nervioso aún se encuentra en desarrollo. La exposición temprana puede causar daño neurológico permanente, con consecuencias como disminución del coeficiente intelectual, problemas de atención, dificultades de aprendizaje y trastornos del comportamiento.


Fuente: RRNEWS

viernes, 6 de marzo de 2026

La Justicia zanja el pelotazo sobre el plutonio de Palomares: el Estado se queda las tierras a precio de saldo

 

 Por Rafael Méndez   
Periodista en elDiario.es. Participó en los equipos que publicaron los cables de Wikileaks y los Papeles de Panamá.

     La Justicia ha dado por zanjado un histórico litigio por las tierras contaminadas por las bombas de Palomares. En 1966, dos aviones de la fuerza aérea de Estados Unidos chocaron en vuelo y al liberar cuatro bombas atómicas, dejaron un reguero de plutonio que a nadie importó demasiado.


Manuela Sabiote, junto a los restos del fuselaje de un avión caído en Palomares.

Fue en 2004, cuando la burbuja inmobiliaria llegaba a la costa de Almería, cuando el Estado comenzó el trámite para expropiar los terrenos. Pero una promotora británica alegaba que tenía permiso para construir allí. El pasado diciembre el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía zanjó la disputa y permitió que el Estado se quede con los terrenos por unos euros el metro cuadrado.

La historia de las bombas de Palomares es una en la que nadie sabe explicar muy bien qué pasó antes de su mandato, cómo se pudo llegar allí. 


La bomba nuclear B28FI, recuperada a 870 metros de profundidad, en la cubierta del USS Petrel.


Los militares estadounidenses contemplaban la bomba nuclear rescatada del mar en aguas de la localidad almeriense de Palomares – Era el último artefacto de los caídos en un accidente.

Tras el accidente, Estados Unidos embarcó gran cantidad de tierra contaminada en bidones y, a través de Cartagena, la llevó en buques a su territorio. El régimen de Franco lo dio por bueno. Washington y Madrid firmaron un acuerdo por el que Estados Unidos pagaría análisis de sangre a la población a ver si había alguna anomalía en la incidencia de cáncer y listo. 

En realidad, durante décadas a nadie le importó mucho. El levante de Almería seguía siendo una zona árida y lejos de Madrid. No había llegado el boom de la agricultura y el turismo.

Eso cambió a principios de los 2000. El Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) y el Consejo de Seguridad Nuclear detectaron en el americio en el aire, producto de la desintegración del plutonio, activo durante decenas de miles de años. 


Terrenos afectados por contaminación radiactiva en Palomares, Almería.

La zona, con una de las mayores reservas de suelo virgen del Mediterráneo, era un hervidero de grúas. Había que hacer algo. El Gobierno de Aznar aprobó discretamente una partida para expropiaciones.

Fue un año después y ya con Zapatero en Moncloa cuando el Ciemat decidió que, para expropiar, tenía que saber realmente la contaminación que había. En un primer momento caracterizó varias zonas donde habían caído las bombas y donde el ejército estadounidense había acumulado la tierra que se llevó. Era poco terreno, unas 10 hectáreas: una parcela en el centro del pueblo y otras a las afueras, junto al cementerio y en la que seguían plantando lechugas. Todo el pueblo conocía esas localizaciones, era donde habían caído las bombas.

Pero los investigadores se toparon con varias sorpresas. Primero descubrieron las zanjas en las que los americanos habían enterrado material radiactivo y, lo más importante, unas 30 hectáreas con contaminación en la sierra de Almagrera en la que nadie había reparado, según fuentes del Ciemat. Es una zona alejada de donde cayeron las bombas. Lo que había ocurrido es que el viento llevó parte de la contaminación durante el descenso de las bombas. 

Ese era un terreno urbanísticamente muy interesante porque está próximo al pueblo pesquero de Villaricos y con una preciosa vista de la puesta de sol. La empresa Villaricos SL, dueña del resort Desert Springs Golf, a unos siete kilómetros tierra adentro, pretendía construir allí. Villaricos SL es de capital británico. Así que en 2007 el Consejo de Ministros amplió el objeto para poder expropiar esos terrenos. Muy cerca de allí, siguen en marcha otros enormes planes urbanísticos.

Eso paró de momento la construcción al poner en marcha la lenta maquinaria de la expropiación. La zona, que durante décadas era pasto para cabras, fue vallada, aunque fuese de forma porosa. En 2022, finalmente, fue ocupado a precio de terreno rústico. “El Jurado Provincial consideró que la renta superior de la finca expropiada se obtendría con la consideración de una renta de un terreno de imposible explotación”. “Con ello, el valor final del suelo que fija el Jurado es de 0,68 euros por metro cuadrado”.

Villaricos SL, que no ha querido hacer declaraciones, comenzó entonces un litigio contra el precio de la expropiación. Alegó que tenía una aprobación urbanística inicial para construir allí y pedía casi 75 euros por metro cuadrado. Alegaba que en 2007 el Ayuntamiento de Cuevas del Almazora, al que pertenece Palomares, había aprobado el plan parcial urbanístico de ese sector y que el valor asignado “no considera la mayor renta potencial de la explotación”. Eso, argumentaba, vulnera “los principios de confianza legítima, buena fe y seguridad jurídica”. Señalaba que en otra tanda de expropiaciones había recibido más precio por otro terreno.

La abogacía del Estado replicó que el plan parcial que daba cobijo a la urbanización de Villaricos SL fue anulado por el mismo TSJ en 2011, “lo que significa que el citado plan parcial nunca ha existido, por lo que no puede considerarse que el sector en el que se incluyen los terrenos aquí justipreciados hayan contado con ordenación detallada que les permitiera su desarrollo”. Los jueces dieron la razón al Estado. En dos sentencias del mes de diciembre desestimó las pretensiones de Villaricos SL.

Se zanja así la posibilidad de urbanizar los terrenos. Ya solo queda retirar la tierra contaminada y que los vecinos vuelvan a la vida normal. Esos vecinos que, después de décadas escuchando que todo estaba en orden, vieron en 2011 a la primera delegación de Estados Unidos y que, para sorpresa del pueblo, se pusieron calzas sobre los zapatos para no pisar un solar en el centro del pueblo.

En 2015, con Obama en la Casa Blanca, Estados Unidos y España firmaron un acuerdo para descontaminar definitivamente el terreno. Washington siempre fue reticente, en parte porque ha realizado pruebas nucleares en otras zonas, y temía reclamaciones similares y porque España en 1966 aceptó que la limpieza estaba hecha. Con Joe Biden hubo otro acercamiento. Pero, 50 años después, la contaminación sigue allí. Ahora, al menos, vallada y expropiada.


Fuente: elDiario.es