Periodista
murciana.
El
estudio detectó que no solo hay plomo acumulado en la tierra, sino
que una parte de ese plomo puede liberarse con relativa facilidad y
estar disponible para los cultivos, como frutas, verduras y
hortalizas
En
2014, un estudio científico ya alertó de las altas concentraciones
de plomo presentes en suelos agrícolas del entorno de Cartagena y La
Unión. El estudio se publicó la revista internacional Science
of the Total Environment reveló
que los
suelos agrícolas del entorno de Cartagena y La Unión contienen
concentraciones de plomo extraordinariamente elevadas,
muy por encima de los niveles habituales en Europa y España.
La
investigación, realizada por científicos del Instituto
Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria
(INIA) y del Instituto de Ciencias
Agrarias del CSIC, analizó la contaminación por metales
pesados en el distrito minero de Cartagena-La Unión y concluyó
que la herencia de más de dos mil años de minería
sigue presente en el suelo del territorio, incluso en áreas
agrícolas donde se producen alimentos.
El
trabajo se publicó hace ya once años, pero sus conclusiones siguen
siendo contundentes: la mayoría de los suelos agrícolas
estudiados presentan niveles de plomo que superan ampliamente los
valores considerados normales para suelos mediterráneos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera
el plomo uno de los contaminantes
ambientales más peligrosos para la salud humana. En sus fichas
técnicas y evaluaciones de riesgo, la OMS advierte que no
existe un nivel seguro de exposición al plomo,
especialmente en niños.
El
estudio del CSIC viene a reforzar los resultados de una investigación
de 2023 realizada de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT)
y dirigida por Ángel Faz, cuyos datos
cuestiona la Consejería de Agricultura y permanece oculto. Según el
informe de la UPCT existen altas concentraciones de metales pesados
en suelos agrícolas del Campo de Cartagena (plomo, cadmio, zinc y
cobre».
Puntos de muestreo del CSIC.
193
muestras de suelo para analizar la contaminación
Para
evaluar el alcance del problema, los investigadores tomaron 193
muestras de suelo repartidas por el distrito minero.
El
muestreo se organizó en tres tipos de territorio: 66
muestras en zonas mineras, próximas a residuos y antiguas
explotaciones; 76 muestras en zonas naturales,
con vegetación mediterránea y restos mineros antiguos y 51
muestras en zonas agrícolas, donde se cultivan frutas y
hortalizas.
Estas
zonas agrícolas se encuentran a cierta distancia de las
minas, pero dentro del área de influencia del distrito
minero y de los sedimentos procedentes de los residuos.
Concentraciones
de plomo muy por encima de los valores normales
Los
resultados del análisis químico del suelo revelan concentraciones
de plomo que los propios investigadores califican de muy
elevadas.
En
el conjunto del área estudiada, la media alcanza: 5.202
mg/kg de plomo total en el suelo y 261,9
mg/kg de plomo biodisponible. Pero el dato que más preocupa
aparece en los suelos agrícolas.
En
estos terrenos, la concentración media de plomo alcanza los 2.633
mg/kg. Una cifra que multiplica por decenas los valores
habituales en suelos agrícolas, lo que equivale aproximadamente
a 2,6 gramos de plomo en cada kilo de suelo.
El
estudio compara estos resultados con los niveles de referencia:
Esto
significa que los suelos agrícolas del entorno de la Sierra Minera
contienen entre
70 y 180 veces más plomo que los niveles habituales.
Pero
el estudio no solo midió la cantidad total de plomo presente en el
suelo. También analizó qué parte de ese metal puede moverse
en el suelo y ser absorbida por las plantas, utilizando un
método llamado DTPA. En este caso, la media
fue de 162,7 miligramos por kilo.
Dicho
de forma sencilla: no solo hay plomo acumulado en la
tierra, sino que una parte de ese plomo puede liberarse con relativa
facilidad y estar disponible para los cultivos, como frutas,
verduras y hortalizas.
Además,
estas cifras superan ampliamente varios valores de referencia
establecidos en la normativa. El Real Decreto de
nutrición sostenible de los suelos agrícolas fija un máximo de 100
mg/kg, mientras que los niveles genéricos de
referencia para uso agrícola sitúan el límite en 113 mg/kg.
Frente
a esos valores, el estudio detecta 2.633 mg/kg de plomo
total en el suelo y 162,7 mg/kg de plomo biodisponible, lo
que significa que las concentraciones encontradas superan
con creces los niveles considerados aceptables para suelos agrícolas.
El
90 % de los suelos agrícolas supera los niveles de referencia
La
investigación advierte además de que la contaminación está
ampliamente extendida.
Según
los datos del estudio: “El 90 % de los suelos agrícolas presentan
concentraciones de plomo por encima del valor de referencia de 137
mg/kg para suelos mediterráneos”.
Es
decir, la gran mayoría de los terrenos agrícolas
analizados están contaminados por plomo por encima de los valores
considerados normales.
Zonas
con niveles aún más extremos
Aunque
las zonas agrícolas ya presentan niveles elevados, las
concentraciones más extremas se registran en áreas próximas a
residuos mineros.
En
algunos puntos del distrito minero, los investigadores
detectaron valores de hasta 30.000 mg/kg de plomo en el
suelo.
Estos
niveles se encuentran entre los más altos documentados en estudios
de contaminación minera.
Qué
se cultiva en estas zonas
El
estudio describe las áreas agrícolas analizadas como terrenos
dedicados al cultivo de frutas y hortalizas,
típicos del entorno agrícola del Campo de Cartagena.
Estas
explotaciones se sitúan en zonas llanas alrededor de la Sierra
Minera, donde se han acumulado sedimentos finos procedentes de
procesos erosivos y de la dispersión de residuos mineros.
Este
contexto explica que los metales pesados puedan encontrarse en suelos
agrícolas aunque las parcelas no estén situadas
directamente sobre antiguas explotaciones mineras.
Riesgos
potenciales para la salud
El
estudio recuerda que la presencia de plomo en el suelo puede tener
consecuencias para la salud humana, especialmente cuando se producen
exposiciones prolongadas.
Los
autores citan investigaciones que indican que: «cuando las
concentraciones de plomo en el suelo superan los 200
mg/kg, aumenta el riesgo de discapacidad intelectual en
niños»
En
las zonas agrícolas analizadas, la concentración media supera
los 2.600 mg/kg, es decir, más de diez
veces ese umbral.
Aunque
el estudio se publicó en 2014, sus
conclusiones constituyen una advertencia temprana sobre el impacto
ambiental persistente de la minería histórica en el entorno de
Cartagena y La Unión.
El
trabajo científico deja claro que la contaminación por plomo no
se limita a las escombreras o a las antiguas explotaciones,
sino que alcanza también a áreas agrícolas situadas alrededor de
la Sierra Minera y no consta que el Gobierno regional haya adoptado
medida alguna teniendo competencias en materia de agricultura, medio
ambiente y sanidad.
Un
territorio marcado por más de 2.500 años de minería
El
distrito minero de Cartagena-La Unión fue durante siglos uno de los
principales centros de extracción de plomo, zinc y
hierro de Europa. La actividad minera comenzó en época
romana y se prolongó durante más de 2.500 años,
alcanzando su máximo desarrollo durante el siglo XIX.
La
explotación cesó definitivamente en 1991,
pero el paisaje conserva todavía enormes cantidades de residuos
mineros, escombreras y depósitos de estériles metalíferos que
siguen liberando metales pesados al medio ambiente.
El
estudio recuerda que estos residuos constituyen un foco permanente de
contaminación y que la presencia de metales pesados en el suelo del
distrito minero está estrechamente ligada a la
actividad minera histórica.
Una
sustancia peligrosa
La Organización
Mundial de la Salud (OMS) advierte de que el plomo
continúa siendo una de las sustancias químicas más peligrosas para
la salud pública mundial. En su ficha técnica
titulada “Intoxicación por plomo y salud”, el
organismo internacional recuerda que la exposición a este metal
pesado puede provocar daños graves en numerosos órganos y sistemas
del cuerpo humano, especialmente en la infancia.
Según
la OMS, cuando el plomo entra en el organismo se distribuye por
órganos como el cerebro, el hígado, los riñones y los huesos,
donde puede acumularse durante largos periodos de tiempo. En los
huesos y los dientes puede permanecer durante años y, en
determinadas circunstancias -por ejemplo durante el embarazo- volver
a liberarse al torrente sanguíneo.
La
OMS considera el plomo una de las diez sustancias
químicas de mayor preocupación para la salud pública,
debido a la magnitud de sus efectos y a la extensión de la
exposición en todo el mundo. El organismo subraya
además que no existe un nivel seguro de exposición, especialmente
en los niños.
La
exposición al plomo puede provocar alteraciones neurológicas, daños
en los riñones, trastornos cardiovasculares y problemas
reproductivos. En los adultos se ha asociado con hipertensión
arterial y enfermedad renal crónica.
Los
niños pequeños son especialmente vulnerables porque su organismo
absorbe una mayor proporción de plomo que el de los adultos y porque
su sistema nervioso aún se encuentra en desarrollo. La exposición
temprana puede causar daño
neurológico permanente,
con consecuencias como disminución del coeficiente intelectual,
problemas de atención, dificultades de aprendizaje y trastornos del
comportamiento.
Fuente:
RRNEWS