Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de marzo de 2026

Lecciones del Mar Menor

 

      Economistas sin Fronteras.


El Mar Menor simboliza el choque entre desarrollo y sostenibilidad. De su colapso ambiental a su reconocimiento como sujeto de derechos, su historia combina crisis, innovación y esperanza para repensar nuestra relación con la naturaleza


     El Mar Menor es una laguna de 135 km² ubicada en Murcia, equivalente aproximadamente a un tercio de Andorra o a la mitad de Malta. Ha sido ocupado por los humanos desde el Paleolítico y en él se han encontrado restos arqueológicos de civilizaciones íberas. Los romanos lo llamaron Belich Mare Palus, “laguna”; y los árabes, Buhayrat al-Qasr, “la Albufera del Alcázar”. Tras la Reconquista se le denominó simplemente Albufera, hasta que se impuso su nombre actual: Mar Menor. Esta denominación lo diferencia de su hermano mayor, el Mediterráneo, unas 18.500 veces más extenso y del que le separa una manga de 21 kilómetros. Desde el siglo XX fue uno de los paisajes más reconocibles del sureste: un ecosistema singular, con un fuerte vínculo cultural local y un motor económico.

Sin embargo, el modelo de desarrollo nunca tuvo en cuenta el equilibrio con el ecosistema. La agricultura y la ganadería se intensificaron; el sector turístico apostó por el volumen más que por el valor añadido, con una presión creciente sobre el territorio; y los impactos de otras actividades, como la minería en las sierras cercanas, fueron acumulándose.

El resultado fue un colapso multicausal. Apartir de la década de 1960, el Mar Menor pasó a verse —en palabras de Teresa Vicente— “como un vertedero y como una fuente de beneficios”.


Colapso multicausal del Mar Menor.

Teresa Vicente, catedrática de Filosofía del Derecho, es precisamente una de las figuras clave en esta historia. Lideró una iniciativa popular sin precedentes, respaldada por 640.000 firmas, para dotar al Mar Menor de personalidad jurídica. La iniciativa dio lugar a una ley pionera en Europa: por primera vez, un ecosistema obtenía derechos propios reconocidos en el ordenamiento jurídico. El cambio era conceptual. El Mar Menor dejaba de ser únicamente un objeto de protección ambiental para convertirse en un sujeto de derechos: derecho a existir, a evolucionar de forma natural, a ser protegido, conservado y restaurado.


El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.

Este hecho histórico es un referente por múltiples razones. Fue el primer proceso de este tipo en Europa y, además, nació directamente desde la ciudadanía y no de partidos políticos. La iniciativa ha tenido un fuerte reconocimiento internacional: la ONU lo ha reconocido como uno de los World Restoration Flagships, Teresa Vicente recibió el Premio Goldman, considerado el Nobel ambiental, y el caso ha servido de inspiración para otras iniciativas, como la del río Tins en Galicia o el creciente interés en ecosistemas como el Manzanares, la Albufera de Valencia, el Delta del Ebro o Doñana.

Situación actual: la personalidad jurídica en práctica

Lejos de ser el final del camino, la personalidad jurídica del Mar Menor es el inicio de un intento de curar un ecosistema en estado crítico. La ley fue ratificada por el Tribunal Constitucional frente a la oposición de algunos partidos, y hoy el Mar Menor tiene NIF, cuenta bancaria y una estructura de gobernanza compuesta por tres órganos: un Comité de Representantes, una Comisión de Seguimiento —los “guardianes”— y un Comité Científico. La ley establece que cualquier vulneración de sus derechos puede generar responsabilidad penal, civil, ambiental y administrativa.

Esto ya no es teórico. El Mar Menor, a través de sus representantes, ha comenzado a personarse en procedimientos judiciales, por ejemplo frente a daños derivados de vertidos.

El Mar Menor, la laguna española contaminada que se defiende en los tribunales.


En paralelo, se ha puesto en marcha el Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor, con un presupuesto de 675 millones de euros. Entre sus medidas destacan la creación de un cinturón verde alrededor de la laguna, el cierre de miles de hectáreas de regadío ilegal, la restauración de ecosistemas en la cuenca vertiente o el replanteamiento de ciertas infraestructuras, como puertos.

Sin embargo, las tensiones persistenTeresa Vicente ha dimitido como Tutora del Mar Menor, denunciando obstáculos y fricciones con las administraciones estatal y autonómica, a las que acusa de priorizar sus propios intereses frente a la defensa del ecosistema.

Y, mientras tanto, ¿cómo está la laguna en 2026? El Mar Menor sigue enfermo. No se han repetido episodios como el de 2019, pero, por ejemplo, en octubre de 2025 se produjo un nuevo episodio de anoxia, breve pero intenso, tras la dana Alice. La propia Teresa Vicente lamenta que “en una zona semidesértica donde la lluvia debería ser motivo de celebración, la dana nos hace temblar, porque arrastra (los fertilizantes de) la agricultura intensiva y los purines de la ganadería hacia la laguna, lo que unido a otros factores como el calor provoca de nuevo la anoxia”.


Abrazo al Mar Menor.

El Mar Menor: entre esperanzas y tensiones

El caso del Mar Menor es muchas cosas a la vez. Es, en primer lugar, un precedente ambiental y económico. Durante años, los impactos sobre el ecosistema fueron tratados como externalidades o problemas del futuro. Hasta que dejaron de serlo. Cuando el desequilibrio del ecosistema se materializó, el propio modelo económico que lo causó quedó gravemente afectado: el valor de los activos turísticos ha disminuido significativamente, la actividad pesquera se ha visto mermada y la agricultura intensiva junto a la laguna se ha prohibido. Esto muestra que la necesidad de un equilibrio entre economía y naturaleza ha dejado de ser una cuestión teórica, y puede prepararnos para afrontar otras crisis ambientales.

Es también un precedente de ciudadanía. En un contexto de polarización política, más de 640.000 personas se pusieron de acuerdo para defender un bien común, algo que parece inverosímil hoy en día. Esto muestra que los ciudadanos, más allá de los colores políticos con los que se identifican, pueden encontrar espacios de entendimiento y cooperar.

Es, además, un precedente jurídico y de gobernanza. El Mar Menor ya tiene derechos. Pero esto abre una tensión inevitable: sigue sin tener una voz propia y está representado por un grupo de humanos. Y esos humanos tienen intereses e incentivos distintos. Algunos priorizan la protección del capital natural a toda costa; otros, objetivos económicos o políticos. La gobernanza del medioambiente será un espacio de tensión constante, como refleja la dimisión de la líder de este movimiento por la percepción de intereses en las administraciones que van más allá de la protección de la laguna. Sin embargo, esas mismas administraciones, criticadas por defender “lo suyo”, son también las estructuras democráticas que representan la voz de la ciudadanía en ese proceso.

Para mí, el Mar Menor refleja que nada es simple y me enfrenta a varios sentimientos a la vez. El colapso ambiental fue devastador. La reacción ciudadana fue extraordinaria. La innovación jurídica es histórica. Su implementación es compleja. Y el futuro sigue abierto. Este caso puede extrapolarse a otros de los grandes problemas de nuestro tiempo donde conviven el bien y el mal, y la esperanza y las tensiones.

Cierro este artículo con una reflexión del Tribunal Supremo de 1990 citada en la propia ley de personalidad jurídica del Mar Menor: “La diferenciación entre males que afectan a la salud de las personas y riesgos que dañan otras especies animales o vegetales y el medio ambiente se debe, en gran medida, a que el hombre no se siente parte de la naturaleza sino como una fuerza externa destinada a dominarla o conquistarla para ponerla a su servicio. Conviene recordar que la naturaleza no admite un uso ilimitado y que constituye un capital natural que debe ser protegido”.


Fuente: El Salto

lunes, 9 de marzo de 2026

Un estudio del CSIC ya alertó en 2014 de las peligrosas concentraciones de plomo en suelos agrícolas de Cartagena

 

 Por Rosa Roda   
       Periodista murciana.


El estudio detectó que no solo hay plomo acumulado en la tierra, sino que una parte de ese plomo puede liberarse con relativa facilidad y estar disponible para los cultivos, como frutas, verduras y hortalizas


     En 2014, un estudio científico ya alertó de las altas concentraciones de plomo presentes en suelos agrícolas del entorno de Cartagena y La Unión. El estudio se publicó la revista internacional Science of the Total Environment reveló que los suelos agrícolas del entorno de Cartagena y La Unión contienen concentraciones de plomo extraordinariamente elevadas, muy por encima de los niveles habituales en Europa y España.




La investigación, realizada por científicos del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) y del Instituto de Ciencias Agrarias del CSIC, analizó la contaminación por metales pesados en el distrito minero de Cartagena-La Unión y concluyó que la herencia de más de dos mil años de minería sigue presente en el suelo del territorio, incluso en áreas agrícolas donde se producen alimentos.

El trabajo se publicó hace ya once años, pero sus conclusiones siguen siendo contundentes: la mayoría de los suelos agrícolas estudiados presentan niveles de plomo que superan ampliamente los valores considerados normales para suelos mediterráneos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera el plomo uno de los contaminantes ambientales más peligrosos para la salud humana. En sus fichas técnicas y evaluaciones de riesgo, la OMS advierte que no existe un nivel seguro de exposición al plomo, especialmente en niños.

El estudio del CSIC viene a reforzar los resultados de una investigación de 2023 realizada de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y dirigida por Ángel Faz, cuyos datos cuestiona la Consejería de Agricultura y permanece oculto. Según el informe de la UPCT existen altas concentraciones de metales pesados en suelos agrícolas del Campo de Cartagena (plomo, cadmio, zinc y cobre».


Puntos de muestreo del CSIC.

193 muestras de suelo para analizar la contaminación

Para evaluar el alcance del problema, los investigadores tomaron 193 muestras de suelo repartidas por el distrito minero.

El muestreo se organizó en tres tipos de territorio: 66 muestras en zonas mineras, próximas a residuos y antiguas explotaciones; 76 muestras en zonas naturales, con vegetación mediterránea y restos mineros antiguos y 51 muestras en zonas agrícolas, donde se cultivan frutas y hortalizas.

Estas zonas agrícolas se encuentran a cierta distancia de las minas, pero dentro del área de influencia del distrito minero y de los sedimentos procedentes de los residuos.




Concentraciones de plomo muy por encima de los valores normales

Los resultados del análisis químico del suelo revelan concentraciones de plomo que los propios investigadores califican de muy elevadas.

En el conjunto del área estudiada, la media alcanza: 5.202 mg/kg de plomo total en el suelo y 261,9 mg/kg de plomo biodisponible. Pero el dato que más preocupa aparece en los suelos agrícolas.

En estos terrenos, la concentración media de plomo alcanza los 2.633 mg/kg. Una cifra que multiplica por decenas los valores habituales en suelos agrícolas, lo que equivale aproximadamente a 2,6 gramos de plomo en cada kilo de suelo.

El estudio compara estos resultados con los niveles de referencia:




Esto significa que los suelos agrícolas del entorno de la Sierra Minera contienen entre 70 y 180 veces más plomo que los niveles habituales.

Pero el estudio no solo midió la cantidad total de plomo presente en el suelo. También analizó qué parte de ese metal puede moverse en el suelo y ser absorbida por las plantas, utilizando un método llamado DTPA. En este caso, la media fue de 162,7 miligramos por kilo.

Dicho de forma sencilla: no solo hay plomo acumulado en la tierra, sino que una parte de ese plomo puede liberarse con relativa facilidad y estar disponible para los cultivos, como frutas, verduras y hortalizas.

Además, estas cifras superan ampliamente varios valores de referencia establecidos en la normativa. El Real Decreto de nutrición sostenible de los suelos agrícolas fija un máximo de 100 mg/kg, mientras que los niveles genéricos de referencia para uso agrícola sitúan el límite en 113 mg/kg.

Frente a esos valores, el estudio detecta 2.633 mg/kg de plomo total en el suelo y 162,7 mg/kg de plomo biodisponible, lo que significa que las concentraciones encontradas superan con creces los niveles considerados aceptables para suelos agrícolas.

El 90 % de los suelos agrícolas supera los niveles de referencia

La investigación advierte además de que la contaminación está ampliamente extendida.

Según los datos del estudio: “El 90 % de los suelos agrícolas presentan concentraciones de plomo por encima del valor de referencia de 137 mg/kg para suelos mediterráneos”.

Es decir, la gran mayoría de los terrenos agrícolas analizados están contaminados por plomo por encima de los valores considerados normales.

Zonas con niveles aún más extremos

Aunque las zonas agrícolas ya presentan niveles elevados, las concentraciones más extremas se registran en áreas próximas a residuos mineros.

En algunos puntos del distrito minero, los investigadores detectaron valores de hasta 30.000 mg/kg de plomo en el suelo.

Estos niveles se encuentran entre los más altos documentados en estudios de contaminación minera.

Qué se cultiva en estas zonas

El estudio describe las áreas agrícolas analizadas como terrenos dedicados al cultivo de frutas y hortalizas, típicos del entorno agrícola del Campo de Cartagena.

Estas explotaciones se sitúan en zonas llanas alrededor de la Sierra Minera, donde se han acumulado sedimentos finos procedentes de procesos erosivos y de la dispersión de residuos mineros.

Este contexto explica que los metales pesados puedan encontrarse en suelos agrícolas aunque las parcelas no estén situadas directamente sobre antiguas explotaciones mineras.

Riesgos potenciales para la salud

El estudio recuerda que la presencia de plomo en el suelo puede tener consecuencias para la salud humana, especialmente cuando se producen exposiciones prolongadas.

Los autores citan investigaciones que indican que: «cuando las concentraciones de plomo en el suelo superan los 200 mg/kg, aumenta el riesgo de discapacidad intelectual en niños»

En las zonas agrícolas analizadas, la concentración media supera los 2.600 mg/kg, es decir, más de diez veces ese umbral.

Aunque el estudio se publicó en 2014, sus conclusiones constituyen una advertencia temprana sobre el impacto ambiental persistente de la minería histórica en el entorno de Cartagena y La Unión.

El trabajo científico deja claro que la contaminación por plomo no se limita a las escombreras o a las antiguas explotaciones, sino que alcanza también a áreas agrícolas situadas alrededor de la Sierra Minera y no consta que el Gobierno regional haya adoptado medida alguna teniendo competencias en materia de agricultura, medio ambiente y sanidad.

Un territorio marcado por más de 2.500 años de minería

El distrito minero de Cartagena-La Unión fue durante siglos uno de los principales centros de extracción de plomo, zinc y hierro de Europa. La actividad minera comenzó en época romana y se prolongó durante más de 2.500 años, alcanzando su máximo desarrollo durante el siglo XIX.

La explotación cesó definitivamente en 1991, pero el paisaje conserva todavía enormes cantidades de residuos mineros, escombreras y depósitos de estériles metalíferos que siguen liberando metales pesados al medio ambiente.

El estudio recuerda que estos residuos constituyen un foco permanente de contaminación y que la presencia de metales pesados en el suelo del distrito minero está estrechamente ligada a la actividad minera histórica.

Una sustancia peligrosa

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que el plomo continúa siendo una de las sustancias químicas más peligrosas para la salud pública mundial. En su ficha técnica titulada “Intoxicación por plomo y salud”, el organismo internacional recuerda que la exposición a este metal pesado puede provocar daños graves en numerosos órganos y sistemas del cuerpo humano, especialmente en la infancia.

Según la OMS, cuando el plomo entra en el organismo se distribuye por órganos como el cerebro, el hígado, los riñones y los huesos, donde puede acumularse durante largos periodos de tiempo. En los huesos y los dientes puede permanecer durante años y, en determinadas circunstancias -por ejemplo durante el embarazo- volver a liberarse al torrente sanguíneo.

La OMS considera el plomo una de las diez sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública, debido a la magnitud de sus efectos y a la extensión de la exposición en todo el mundo. El organismo subraya además que no existe un nivel seguro de exposición, especialmente en los niños.

La exposición al plomo puede provocar alteraciones neurológicas, daños en los riñones, trastornos cardiovasculares y problemas reproductivos. En los adultos se ha asociado con hipertensión arterial y enfermedad renal crónica.

Los niños pequeños son especialmente vulnerables porque su organismo absorbe una mayor proporción de plomo que el de los adultos y porque su sistema nervioso aún se encuentra en desarrollo. La exposición temprana puede causar daño neurológico permanente, con consecuencias como disminución del coeficiente intelectual, problemas de atención, dificultades de aprendizaje y trastornos del comportamiento.


Fuente: RRNEWS

miércoles, 21 de enero de 2026

La plantilla de Sabic parará la producción si no forma parte en la negociación de un plan social

 


Entre 350 y 370 empleos penden del cierre de la planta Lexan 1 y su industria auxiliar en la pedanía de La Aljorra (Cartagena)

     Varios centenares de trabajadores de Sabic han recibido con una protesta al vicepresidente europeo de la multinacional, Roger Bosch, quien este miércoles visita el complejo industrial de la compañía, ubicado en la diputación cartagenera de La Aljorra.





Los trabajadores zarandean el coche del director europeo de Sabic, a su llegada a la factoría de La Aljorra.


La rotonda de acceso a Sabic ha sido el lugar en el que se han concentrado para reivindicar, con pancartas y coreando consignas, un plan laboral para los entre 350 y 370 trabajadores que podrían estar afectados por el cierre planta Lexan 1, a los que habría que sumar los de la industria auxiliar que trabaja para la multinacional.




Los trabajadores esperan que la visita de Bosch sirva para traer más información sobre la venta y del cierre de la citada planta, tras el anuncio de venta del negocio de termoplásticos de ingeniería en Europa y América al fondo buitre alemán Mutares.



Fuente: Cartagenaplaza

martes, 6 de enero de 2026

Cuando la laguna de La Mata iba a ser el mayor embalse de la cuenca del Segura

 

 Por David Pamies   
      Periodista y redactor de la Vega Baja en el diario alicantino INFORMACIÓN.

Entre 1940 y 1960 la administración y los regantes concibieron la transformación de la laguna salada en una presa de agua dulce que aprovechara los excedentes del Segura en un proyecto que descartó tras la aprobación del trasvase del Tajo 


     Si alguien proyectara hoy la construcción de un embalse en la laguna de La Mata de Torrevieja, uno de los espacios naturales más destacados por su riqueza medioambiental y su singularidad paisajística de Europa, como poco parecería un disparate, o directamente una aberración. Y, sin embargo, la idea de aprovechar la laguna que hoy conocemos como hábitat de especies como el flamenco, en un entorno de viñedos junto al mar y vegetación de saladar, como presa donde reservar las aguas sobrantes del Segura, estuvo a punto de ser una realidad en los años 60.


Parcelas de viñedos y pinares en el entorno de la laguna de La Mata, al fondo.

La idea de un embalse matero surgió en los años 40. Lo contaron en su día María Inmaculada López Ortíz, catedrática y directora de la Cátedra del Agua de la Universidad de Alicante, y Joaquín Melgarejo Moreno, catedrático de Historia e Instituciones Económicas en esta misma Universidad. Fue en 1943 cuando la Compañía de Riegos de Levante presentó un anteproyecto por el que almacenar las aguas del Segura aprovechando la laguna de La Mata. Su construcción, dicen ambos autores, se relacionaba con la posibilidad de llevar el regadío al secano rabioso del Campo de Cartagena, para lo cual se concedió a la comunidad de regantes de los campos cartageneros un caudal de hasta 4 metros cúbicos/segundo de agua del río. Una concesión imposible de realizar en la práctica si la laguna, convertida en pantano, no les acercaba el agua a los murcianos.


Flamencos en el parque natural de las lagunas de Torrevieja y La Mata.

Anteproyecto

La idea dormiría varios años en los cajones del entonces Ministerio de Obras Públicas, hasta que en 1955 otro anteproyecto aseguraba la viabilidad de la obra del que sería pantano regulador del tramo inferior de la cuenca del Segura y demostraba la rentabilidad de la inversión. Cuatro años después se iniciaban los estudios geológicos para valorar la impermeabilidad del terreno y su idoneidad para la construcción del embalse. También había que determinar su incidencia en la industria que en la vecina laguna explotaba la Nueva Compañía Arrendataria de las Salinas de Torrevieja, por entonces en pleno proceso de mecanización.

En el artículo que lleva el ilustrativo título de El embalse de La Mata o la ambición de regular al completo la cuenca del Segura, López Ortíz y Melgarejo explican que, en 1962, el ministerio presentó el anteproyecto a efectos de información pública. Para que las aguas de avenida del río llegaran al reservorio matero se diseñó un canal de alimentación de 10 kilómetros (con un túnel de 8.878 metros y una capacidad de 80 m3/ segundo. La toma estaría situada aguas arriba del azud de Alfeitamí, en Almoradí, y para cerrar la laguna de La Mata se construirían cuatro diques de tierra de 13 metros de altura como máximo y una longitud total de 6.030 metros. La obra permitiría la puesta en regadío de 68.000 hectáreas de secano: 48.000 en el Campo de Cartagena y las 20.000 en tierras próximas a la desembocadura del Segura. Se presentaron 207 escritos en el plazo de información y solo dos fueron contrarios a la construcción del embalse. Sería la reserva de agua situada más cerca de la costa y el fondo estaría por debajo del nivel del mar. Los objetivos estaban claros: aprovechar en su totalidad las aguas superficiales de la cuenca del Segura e impedir que las sobrantes se perdieran en el mar y dotar con nuevos recursos a las comunidades de regantes de ambas márgenes del Segura pero, sobre todo, del Campo de Cartagena, que esperaban rentabilizar sus tierras con el milagro del agua de La Mata.

Detractores

Los detractores del proyecto, que también los había, aducían la permeabilidad de la laguna como uno de los principales argumentos para su oposición. Hablaban de perjuicios en la industria salinera torrevejense por las filtraciones de agua dulce entre las lagunas de La Mata y Torrevieja, de elevadas pérdidas de agua en el reservorio por esta misma causa y aludían a la salinización de los recursos del embalse por las filtraciones de agua marina, a escasos 600 metros del charco matero. Otros incovenientes que apuntaban era el previsiblemente rápido aterramiento del vaso del embalse, debido a la gran cantidad de material que arrastra el agua de avenidas (25-30%), la elevada evaporación a que se verían sometidas las aguas embalsadas (por altas temperaturas medias y fuertes vientos) y en el poco fondo de la cuenca receptora del embalse que permitiría poca capacidad de almacenamiento. El rendimiento, anticipaban, sería escaso frente a la elevada inversión de la batería de obras que serían necesarias para construir el pantano.

Con el interés en que el embalse de La Mata fuera realidad por todo lo alto, la Confederación Hidrográfica del Segura se encargó con nuevos estudios de rebatir, uno por uno, los incovenientes de quienes lo rechazaban. Pero en 1967, y a pesar de las recurrentes promesas para la puesta en marcha del proyecto por parte de las autoridades y las grandes expectativas surgidas entre los nuevos empresarios agrícolas cartageneros, el pantano de La Mata no se veía por ninguna parte.

Los catedráticos de la Universidad de Alicante indican que los motivos aducidos para que no hubiesen comenzado las obras eran de índole técnica y económica pero, en realidad, el principal hándicap fue el enfrentamiento entre Murcia y Alicante por el destino de las aguas que se embalsarían en la pedanía torrevejense y por la «cooperación económica» con que los beneficiarios de la infraestructura debían contribuir para su realización.


Cultivos en la laguna de La Mata.

La puntilla: el trasvase Tajo-Segura

La puntilla a este proyecto que ahora resulta impensable pero que encendió las ilusiones (y las reclamaciones) de miles de agricultores se la dio otra gran obra hidráulica que vino a transformar el territorio de la Vega Baja y, como habían esperado tanto tiempo, los municipios del Campo de Cartagena: el trasvase Tajo-Segura. Las zonas que tenían asignadas aguas del embalse matero serían las grandes beneficiarias del acueducto, aprobado en 1968. Así fue como, por esta carambola del Ministerio de Obras Públicas, la laguna de aguas esmeralda, la rica avifauna, los especiales viñedos de su redonda y el entorno que supone un verdadero oasis de naturaleza en el término municipal de Torrevieja, se quedaron donde están y donde se disfrutan.

El pantano de La Mata nos deja, y así concluyen los autores, una clara reflexión: «El deseo lógico de una región árida -como la cuenca del Segura- es que se construyan más embalses, que se regule más. Sin embargo, existen unos límites a esta pretensión que son necesarios considerar y conducen a la conclusión de que el aprovechamiento hasta la última gota de las aguas superficiales de una cuenca no puede conseguirse mediante la construcción de grandes obras de regulación, existen límites -económicos y físicos- que de rebasarse pueden traer consigo más perjuicios que beneficios».


Fuente: INFORMACIÓN