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lunes, 19 de enero de 2026

Las seis islas de la Región de Murcia que están en manos privadas

 

 Por Miguel Rubio   
      Redactor del diario La Verdad.


Linajes famosos y grandes fortunas están detrás de estas propiedades, cinco en aguas del Mar Menor y otra en la bahía de Mazarrón


     Cuando en 1977 unos promotores pusieron sus ojos en la isla de Adentro, en Mazarrón, algo cambió en la Región de Murcia. Viviendas Funcionales SA (Vifusa), una constructora comandada por Mariano Yúfera, pretendía levantar en ese enclave costero 400 casas, un auditorio al aire libre, un hotel y un restaurante, pero el proyecto inmobiliario, diseñado por el arquitecto Demetrio Ortuño, desató las protestas de colectivos conservacionistas y se topó con el rechazo de la Comisión Provincial de Urbanismo. Fue un informe negativo de calado, en el que este organismo marcó la senda para una futura protección del litoral murciano, con especial referencia «a las pequeñas islas e islotes, los apéndices rocosos y los acantilados».


Una familia observa los trabajos en el barco fenicio de Mazarrón, frente a la isla de Adentro.

Casi medio siglo después, la isla de Adentro (o de Paco como se rebautizó entonces) vuelve a la actualidad porque la Demarcación de Costas del Estado promueve su deslinde con el fin de reforzar su protección. El expediente recuerda que ese territorio insular de apenas ocho hectáreas se encuentra en manos privadas, aunque no es el único.

Isla de Paco

De los veintitrés islotes e islas que salpican la geografía regional, seis pertenecen a particulares, según la relación recopilada por este diario con información de Ecologistas en Acción y la Consejería de Medio Ambiente. La de Paco es la única en esa situación en la franja mediterránea; las otras cinco islas privadas son las que se encuentran en el Mar Menor.


Una zódiac navega junto a la isla del Barón, en el Mar Menor.


Isla del Ciervo


Isla del Sujeto


Isla Perdiguera


Isla Rondella





El resto de espacios insulares (17) forman parte del patrimonio público y su titularidad depende de las administraciones regional y central.

¿Quién puede permitirse poseer una isla privada en la Región? Linajes famosos, grandes fortunas y potentes grupos empresariales están detrás de estas singulares propiedades, que destacan por su riqueza ambiental y un pasado cargado de historia y leyendas. Así, en aguas de la laguna marmenorense, la familia Fuertes, dueña de El Pozo Alimentación y de la promotora Profusa, se hizo con La Perdiguera; descendientes del conde de Romanones, con la del Barón o Mayor (y parece que en el mismo lote entraron las islas Rondella y del Sujeto), y la saga de Tomás Maestre, uno de los principales propietarios de La Manga, con la del Ciervo.

En cuanto a la isla de Adentro, planean dudas. La documentación de Costas, con información del Catastro, señala como titulares a los herederos del matrimonio formado por Blas Muñoz (un promotor mazarronero que ganó fortuna levantando pisos para alquiler en el cinturón metropolitano de Barcelona) y Josefa Calvet. Sin embargo, un familiar apunta a un posible error: «Ni somos los dueños ni nunca nos hemos sentido los propietarios de la isla», declara a La Verdad. «En Mazarrón nos deshicimos de todo el patrimonio; no conservamos nada», añade.

El Registro de la Propiedad apunta a otra titularidad para la isla de Adentro: dos industriales alicantinos, Juan Antonio Tolón de Gai y Felipe Fuster Santamaría, que en las décadas de los 70 y 80 mantuvieron relación por negocios con Yúfera y Blaya. El expediente de deslinde posiblemente venga a arrojar luz en esta cuestión.

Por lo demás, el conjunto de veintitrés islas de la Región sí tienen bastante en común: todas disfrutan al menos de una figura de protección ambiental, lo que da cuenta de su relevancia para el mantenimiento de los ecosistemas. Los territorios insulares del Mar Menor disfrutan de varios blindajes especiales para asegurar la conservación tanto del propio humedal como de las especies que allí habitan.

En cuanto a los islotes e islas del Mediterráneo, constituyen en su conjunto un paisaje protegido y, además, en la mayoría se refuerza esa figura con otras declaraciones referidas a la conservación de aves y otra fauna silvestre. Por ejemplo, en la isla de Escombreras se hace un seguimiento especial al lagarto bético, una especie única.


Panorámica de la isla de Escombreras.

Desde Ecologistas en Acción señalan que el blindaje ambiental fija las medidas a llevar a cabo. Para «las islas privadas, el principal efecto es la limitación al aprovechamiento urbanístico y turístico, que es lo que generalmente quieren hacer sus propietarios en los enclaves más grandes». A este respecto, el Grupo Fuertes señala que «no hay planes» para La Perdiguera, la segunda isla más grande de la laguna marmenorense. En la Consejería de Medio Ambiente se limitan a decir que los dueños de estos territorios «tienen las mismas obligaciones que cualquier otro que tenga terrenos en espacios protegidos».

De una mina de hierro a un residencial con 400 casas

Cómo acabó la mazarronera isla de Adentro en manos privadas tiene detrás una rocambolesca historia. La finca se inmatriculó en 1885 como una mina de hierro en lo que pudo ser una estrategia del propietario de las salinas para impedir que la fundición Santa Elisa, que se proyectaba en la zona, arrojase sus vertidos en esta playa. Desde entonces, la isla, en cuyas aguas se han descubierto restos fenicios y romanos, ha tenido varios propietarios, entre ellos un cónsul inglés, y ha formado parte de más de una herencia. En sus ocho hectáreas se conservan como únicas construcciones una vivienda, restos de las terrazas de un huerto y un aljibe, de finales del siglo XIX. En los años 70, un proyecto inmobiliario pretendió llenarla de casas, un hotel y un anfiteatro para 3.000 espectadores. Como cabeza visible de la promotora estaba Mariano Yúfera, que en 1979 se convirtió en alcalde de Mazarrón en las primeras elecciones municipales democráticas. La iniciativa fracasó. Como recuerdo quedó la gabarra construida para transportar materiales de obra a la isla.


Fuente: La Verdad

viernes, 12 de diciembre de 2025

Águilas: miedo e intimidación en el paraíso

  Por Pedro Costa Morata   

       Ingeniero, Periodista y Politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

No quiero tocar el asunto del intento de revocación de mi título de Hijo Predilecto de Águilas para no calentarme ni perturbar la serena reflexión de quienes tienen que asumir ese marrón y tratar de salir del atolladero. Así que me voy a centrar en algo que me ha asombrado y cabreado en estos días en que he tenido que frecuentar al Ayuntamiento en sus niveles administrativos, que es cuando he percibido, por transmisión angustiada desde varias personas, un miedo denso y documentado, un cierto terror ante las maniobras que ahí tienen lugar y una silente insurgencia frente a la impunidad con que esto viene desarrollándose.

Tampoco voy a citar nombres -algo relativamente innecesario, dado que vengo señalando a esa Casa Consistorial desde hace algún tiempo, sin que en mis artículos falten nombres y apellidos- sino que voy a transmitir la indignación que me acomete, y que debe de alcanzar a los aguileños de bien (la mayoría, desde luego), el que la Casa de todos, la sede municipal, el centro de la voluntad popular del pueblo, se esté convirtiendo en centro de miedo y desconfianza por las maquinaciones que aumentan, y se espesan, teniendo como origen el aparato administrativo y, por muñidor y consentidor, el poder político.


Fachada neomudéjar del ayuntamiento de Águilas.

Qué poca gracia tiene esto, hay que ver a qué estamos llegando: a sentir miedo en una parte sensible del funcionariado y preocupación entre algunos ciudadanos que son objeto de amenazas e intimidaciones, como yo mismo declaro. Así que se nos llena la boca de ensalzar las excelencias de nuestro pueblo, su espectacular Carnaval, su atrayente verano, sus playas paradisíacas, etc., y resulta que en el núcleo duro de la vida municipal ha germinado el miedo: miedo a que te perjudiquen, a que se promocione y premie a quien no lo merece, a la manipulación de las contrataciones de personal, al espectáculo diario de incumplimientos -simultáneos con el abuso en la gestión- por parte de ciertos personajes clave en la administración municipal y, ¡oído cocina!, al envalentonamiento de la ultraderecha, bien situada en la Casa, ante la que la mayoría socialista no muestra intención de hacer frente. Pues sí que vamos a mejorar la imagen de Águilas, sí, y sus pretensiones de paraíso litoral.

Es de ese envalentonamiento de Vox y sus gentes de lo que quiero advertir, ya que ahí está la causa de mis recientes preocupaciones, y para que el pueblo aguileño tenga un conocimiento claro y específico de los temores que anidan y maltratan al funcionariado municipal. Y es por esto por lo que transito desde la agresión silenciosa (más no por ello menos aguda) a ciertos funcionarios municipales, a la sufrida hace unos días por mí mismo (en modo verbal, pero ciertamente preocupante) por la interpelación burda y chillona de la parte de un ciudadano aguileño hacia el que desde ese momento me he propuesto guardarme y del que no me extrañaría una segunda agresión (tan excitado lo vi).

Fue, en efecto, el martes 25 de noviembre pasado a las 13 horas cuando fui hostigado en plena calle Conde de Aranda de Águilas, a un paso de la entrada lateral del Ayuntamiento, por una persona que no conocía y que se identificó como “padre del secretario accidental del Ayuntamiento de Mazarrón” quien, después de echarme en cara el haber citado a su hijo en un artículo mío de pocos días antes, pasó a insultarme y a retarme a una pelea en descampado, a lo que respondí que, siendo yo periodista e informador sobre numerosos temas desde hace medio siglo en Águilas, Murcia y España, si él tenía alguna queja sobre el artículo que lo hiciera expresamente a la dirección editorial de la publicación, aunque veía más oportuno que fuera su hijo, el aparentemente afectado, quien lo hiciera.

Como no le acepté ni los insultos soeces ni su sugerente propuesta de pelea, me prohibió que volviera a poner a su hijo, el funcionario de Mazarrón, “en relación con el secretario municipal de Águilas”, lo que me dejó atónito (y totalmente perplejo cuando, al poco, supe que el bronquista es amigo íntimo del susodicho secretario de Águilas, con el que se reúne prácticamente cada día en su despacho municipal). Añadió el provocador, a voz en grito que “si lo vuelves a hacer te voy a mandar un amigo”, que repitió incluso cuando le pedí que lo hiciese, para que alguno de los presentes pudiera oírlo.

      Plasmé mi denuncia en el Cuartel de la Guardia Civil de Águilas (y en Fiscalía de Murcia, y en Delegación del Gobierno), por sus amenazas y enfrentamiento provocador, inaceptables en una sociedad pacífica y civilizada, que fácilmente me evocó el estilo mafioso al anunciarme el “envío de un amigo”. Y pedí a los agentes que se tomaran en serio esta amenaza verbal y la investiguen y aclaren trasladándola a los Juzgados, ya que esa conducta, claro objeto de condena, parece aludir a la existencia de sicarios e incluso a una presunta relación del citado agresor con alguien que se dedique a la violencia por encargo.

Aproveché para recordar a la Guardia Civil el incendio de la puerta de mi domicilio de Águilas, de claro tipo terrorista, la noche del 16 al 17 del pasado junio, denunciado también en este Cuartel y del que no he tenido después información policial ni judicial alguna. Este es otro motivo de preocupación -más allá del mío- para la ciudadanía de Águilas, que debe investigarse por lo que pudiera tener de relación con este otro episodio más reciente, y por si hubiera que acumularlo, dado el carácter claramente intimidatorio de ambos sobre mi persona y mi legítima actividad periodística, a las pesquisas e informaciones oportunas sobre actos de esta índole, inadmisibles en un Estado de Derecho.

Y en esas estamos: ¡oído, paraíso!