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viernes, 24 de abril de 2026

El fiscal acusa a seis personas por el incendio de Teatre y Fonda Milagros en Murcia y describe años de irregularidades bajo control municipal

 

 Por Rosa Roda

        Periodista murciana.



El escrito de acusación de las víctimas amplía la acusación a siete imputados y sostiene que la muerte de las 13 personas fue evitable en un local sin garantías de seguridad que se convirtió en una "ratonera sin salida"



    El Ministerio Fiscal ha presentado su escrito de acusación por el incendio de las discotecas Teatre y Fonda Milagros, una tragedia que dejó 13 muertos en Murcia, y dirige el procedimiento contra seis personas vinculadas a la gestión, explotación y organización del evento celebrado aquella noche.


Discoteca Teatre

En concreto, el fiscal acusa a: Marco Andrés Martínez Alcázar, Eva María Martínez Alcázar, Juan Inglés Rojo, Carlos José Fuentes Benítez, Daniel Ramírez Ramírez y Alfonso Guirao Marín.

Además, señala como responsables civiles directos a las aseguradoras Caser, Allianz y AXA, y como responsable civil subsidiaria a la mercantil Teatre Murcia S.L. .

Pero más allá de la imputación penal, la lectura del documento revela un contexto mucho más amplio: una actividad prolongada en el tiempo al margen de la legalidad administrativa, con reiteradas irregularidades y bajo la supervisión del Ayuntamiento de Murcia. Sin embargo, no hay ningún responable político encausado.

Careciendo de la preceptiva autorización administrativa”

El escrito de acusación es rotundo sobre la situación legal de los locales en el momento del incendio: “en la fecha en la que tuvo lugar el incendio […] se ejercía la actividad de discoteca […] careciendo de la preceptiva autorización administrativa habilitante”

No se trata de una anomalía puntual. El fiscal describe cómo esta situación se prolongó durante años, pese a la existencia de actuaciones administrativas.

Según el documento, los responsables de los locales eran plenamente conscientes de esta situación: “eran plenamente conocedores de que la actividad […] generaba un riesgo […] al no contar con la verificación por parte de la autoridad competente del cumplimiento de las medidas de seguridad”

Modificaciones ilegales y locales fuera de control

El fiscal detalla que los establecimientos sufrieron modificaciones estructurales sin autorización, alterando su configuración original.

En particular, se produjo la separación de los locales y su funcionamiento independiente, sin cobertura legal ni adaptación a las condiciones de seguridad exigibles.

El resultado es demoledor desde el punto de vista técnico: “las instalaciones […] no se ajustaban a ninguno de los proyectos autorizados”.

Estas modificaciones afectaron a elementos clave en la propagación del incendio, como la compartimentación, los materiales y las vías de evacuación.

Expedientes, inspecciones y actividad continuada

Uno de los aspectos más llamativos del escrito es la sucesión de actuaciones administrativas que no lograron frenar la actividad. El fiscal recoge: expedientes urbanísticos, inspecciones técnicas, requerimientos de legalización y órdenes de cese

Incluso se documenta un decreto municipal que ordenaba el cese de la actividad, sin que ello impidiera su continuidad. “Los acusados continuaron ejerciendo la actividad […] pese a las sucesivas inspecciones y requerimientos realizados por parte de la Administración Local”.

Este dato es clave: la actividad ilegal no solo existía, sino que persistía en el tiempo pese a la intervención administrativa.

El origen del incendio: máquinas de fuego y negligencia

El fiscal sitúa el origen del incendio en el uso de máquinas de fuego frío durante un espectáculo.

Según el escrito, estas máquinas generaban chispas capaces de alcanzar materiales inflamables en el techo, lo que desencadenó el fuego. “Las chispas […] alcanzaron el techo […] desarrollándose de forma más acentuada y virulenta”

El documento subraya la falta de medidas de seguridad y la utilización de estos dispositivos en condiciones inadecuadas, lo que incrementó de forma decisiva el riesgo.

Una reconstrucción que deja una pregunta abierta

El relato del fiscal es detallado y contundente en lo que respecta a los responsables privados. Describe negligencias graves, decisiones imprudentes y una actividad desarrollada al margen de la normativa.

Sin embargo, la propia reconstrucción de los hechos introduce una cuestión incómoda: actividad sin licencia, modificaciones ilegales, expedientes abiertos y órdenes de cese incumplidas. Todo ello bajo la competencia de la administración municipal.

Y, sin embargo, el escrito de acusación no dirige responsabilidad penal alguna hacia responsables públicos.

La responsabilidad que no aparece

El documento no entra a valorar la actuación del Ayuntamiento de Murcia en términos penales, pero sí deja constancia de hechos que apuntan a un fallo en los mecanismos de control.

Porque la pregunta no es solo qué hicieron los responsables de las discotecas, sino qué ocurrió para que esa actividad pudiera mantenerse durante años en esas condiciones.

La acusación del fiscal dibuja con precisión la conducta de los acusados. Pero también, de forma indirecta, perfila los límites de una supervisión administrativa que, en este caso, no evitó la tragedia.

La acusación de las víctimas describe una “ratonera” mortal

Al escrito del Ministerio Fiscal se añade el de la acusación particular, encabezada por familiares de las víctimas, que dibuja un relato aún más duro: el de un local convertido en una trampa sin salida.

El documento, de más de 60 páginas, solicita la apertura de juicio oral contra siete acusados -uno más que en el caso del fiscal- y reconstruye con detalle las condiciones en las que murieron 13 personas la madrugada del 1 de octubre de 2023 en Murcia . Añade como acusado a Carlos Ruiz Rus (organizador del evento)

Una ratonera de la que no había forma de salir”

El relato de los hechos es especialmente crudo. La acusación pone el foco en la configuración interior de la discoteca y en las condiciones de evacuación. En la planta superior de Fonda Milagros, donde se produjeron la mayoría de las muertes, la situación era, según el escrito: “una ratonera de la que no había forma de salir”.

Los asistentes quedaron atrapados en recorridos de evacuación demasiado largos, sin alternativas y sin posibilidad real de escape. “los que estaban más adentro […] no pudieron salir y se quedaron atrapados […] hasta que fueron abatidos por el humo y el fuego”.

El escrito enumera uno a uno a los 13 fallecidos y recuerda que todos murieron en el interior de Fonda Milagros por intoxicación por humo y quemaduras. Entre los detalles más sobrecogedores, la acusación recoge el último mensaje de una de las víctimas: “antes de fallecer […] envió un mensaje de despedida a sus padres”.

Fallos en cadena: sin plan de emergencia, sin coordinación

La acusación va más allá del origen del incendio y centra su estrategia en demostrar que la muerte de las víctimas no fue inevitable.

Según el escrito, hubo una cadena de fallos que resultaron determinantes: inexistencia de un plan de emergencia común, falta de simulacros obligatorios y ausencia de coordinación entre ambas salas.

Uno de los propios responsables lo reconoce en el documento: “con dos minutos que nos hubieran avisado, estas trece muertes no hubieran ocurrido”. Para la acusación, este punto es clave: no solo hubo un incendio, sino un sistema incapaz de responder a él.

A oscuras en cuatro segundos

Otro elemento decisivo fue el fallo eléctrico. Según el escrito, apenas cuatro segundos después de iniciarse el incendio, el local quedó completamente a oscuras sin que funcionara el sistema de emergencia. “No encenderse las luces de emergencia […] provocó que los asistentes no pudieran orientarse para buscar la salida” El resultado fue el caos: personas desorientadas, humo, fuego y sin referencias para escapar.

Un local fuera de la legalidad

La acusación también incide en las irregularidades estructurales y legales del establecimiento.

Denuncia, entre otros aspectos: deficiencias en el diseño de evacuación, inexistencia de sectores de incendio independientes, incumplimientos en el sistema eléctric y condiciones laborales inseguras incluso para trabajadores.

De hecho, una de las víctimas era empleada del local, lo que refuerza la gravedad de las condiciones en las que se desarrollaba la actividad .

El escrito de las víctimas no se limita a describir los hechos. Construye un relato orientado a demostrar que las muertes fueron evitables. No habla solo de imprudencia. Habla de un conjunto de decisiones, omisiones y fallos que, combinados, convirtieron un incendio en una tragedia irreversible.

Y lo hace con un lenguaje que trasciende lo jurídico. Porque, frente al análisis técnico del fiscal, esta acusación introduce una dimensión distinta: la de quienes perdieron a familiares en un espacio que, según sostienen, nunca debió estar abierto en esas condiciones.


Fuente: RRNEWS

viernes, 12 de diciembre de 2025

Águilas: miedo e intimidación en el paraíso

  Por Pedro Costa Morata   

       Ingeniero, Periodista y Politólogo. Ha sido profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Premio Nacional de Medio Ambiente.

No quiero tocar el asunto del intento de revocación de mi título de Hijo Predilecto de Águilas para no calentarme ni perturbar la serena reflexión de quienes tienen que asumir ese marrón y tratar de salir del atolladero. Así que me voy a centrar en algo que me ha asombrado y cabreado en estos días en que he tenido que frecuentar al Ayuntamiento en sus niveles administrativos, que es cuando he percibido, por transmisión angustiada desde varias personas, un miedo denso y documentado, un cierto terror ante las maniobras que ahí tienen lugar y una silente insurgencia frente a la impunidad con que esto viene desarrollándose.

Tampoco voy a citar nombres -algo relativamente innecesario, dado que vengo señalando a esa Casa Consistorial desde hace algún tiempo, sin que en mis artículos falten nombres y apellidos- sino que voy a transmitir la indignación que me acomete, y que debe de alcanzar a los aguileños de bien (la mayoría, desde luego), el que la Casa de todos, la sede municipal, el centro de la voluntad popular del pueblo, se esté convirtiendo en centro de miedo y desconfianza por las maquinaciones que aumentan, y se espesan, teniendo como origen el aparato administrativo y, por muñidor y consentidor, el poder político.


Fachada neomudéjar del ayuntamiento de Águilas.

Qué poca gracia tiene esto, hay que ver a qué estamos llegando: a sentir miedo en una parte sensible del funcionariado y preocupación entre algunos ciudadanos que son objeto de amenazas e intimidaciones, como yo mismo declaro. Así que se nos llena la boca de ensalzar las excelencias de nuestro pueblo, su espectacular Carnaval, su atrayente verano, sus playas paradisíacas, etc., y resulta que en el núcleo duro de la vida municipal ha germinado el miedo: miedo a que te perjudiquen, a que se promocione y premie a quien no lo merece, a la manipulación de las contrataciones de personal, al espectáculo diario de incumplimientos -simultáneos con el abuso en la gestión- por parte de ciertos personajes clave en la administración municipal y, ¡oído cocina!, al envalentonamiento de la ultraderecha, bien situada en la Casa, ante la que la mayoría socialista no muestra intención de hacer frente. Pues sí que vamos a mejorar la imagen de Águilas, sí, y sus pretensiones de paraíso litoral.

Es de ese envalentonamiento de Vox y sus gentes de lo que quiero advertir, ya que ahí está la causa de mis recientes preocupaciones, y para que el pueblo aguileño tenga un conocimiento claro y específico de los temores que anidan y maltratan al funcionariado municipal. Y es por esto por lo que transito desde la agresión silenciosa (más no por ello menos aguda) a ciertos funcionarios municipales, a la sufrida hace unos días por mí mismo (en modo verbal, pero ciertamente preocupante) por la interpelación burda y chillona de la parte de un ciudadano aguileño hacia el que desde ese momento me he propuesto guardarme y del que no me extrañaría una segunda agresión (tan excitado lo vi).

Fue, en efecto, el martes 25 de noviembre pasado a las 13 horas cuando fui hostigado en plena calle Conde de Aranda de Águilas, a un paso de la entrada lateral del Ayuntamiento, por una persona que no conocía y que se identificó como “padre del secretario accidental del Ayuntamiento de Mazarrón” quien, después de echarme en cara el haber citado a su hijo en un artículo mío de pocos días antes, pasó a insultarme y a retarme a una pelea en descampado, a lo que respondí que, siendo yo periodista e informador sobre numerosos temas desde hace medio siglo en Águilas, Murcia y España, si él tenía alguna queja sobre el artículo que lo hiciera expresamente a la dirección editorial de la publicación, aunque veía más oportuno que fuera su hijo, el aparentemente afectado, quien lo hiciera.

Como no le acepté ni los insultos soeces ni su sugerente propuesta de pelea, me prohibió que volviera a poner a su hijo, el funcionario de Mazarrón, “en relación con el secretario municipal de Águilas”, lo que me dejó atónito (y totalmente perplejo cuando, al poco, supe que el bronquista es amigo íntimo del susodicho secretario de Águilas, con el que se reúne prácticamente cada día en su despacho municipal). Añadió el provocador, a voz en grito que “si lo vuelves a hacer te voy a mandar un amigo”, que repitió incluso cuando le pedí que lo hiciese, para que alguno de los presentes pudiera oírlo.

      Plasmé mi denuncia en el Cuartel de la Guardia Civil de Águilas (y en Fiscalía de Murcia, y en Delegación del Gobierno), por sus amenazas y enfrentamiento provocador, inaceptables en una sociedad pacífica y civilizada, que fácilmente me evocó el estilo mafioso al anunciarme el “envío de un amigo”. Y pedí a los agentes que se tomaran en serio esta amenaza verbal y la investiguen y aclaren trasladándola a los Juzgados, ya que esa conducta, claro objeto de condena, parece aludir a la existencia de sicarios e incluso a una presunta relación del citado agresor con alguien que se dedique a la violencia por encargo.

Aproveché para recordar a la Guardia Civil el incendio de la puerta de mi domicilio de Águilas, de claro tipo terrorista, la noche del 16 al 17 del pasado junio, denunciado también en este Cuartel y del que no he tenido después información policial ni judicial alguna. Este es otro motivo de preocupación -más allá del mío- para la ciudadanía de Águilas, que debe investigarse por lo que pudiera tener de relación con este otro episodio más reciente, y por si hubiera que acumularlo, dado el carácter claramente intimidatorio de ambos sobre mi persona y mi legítima actividad periodística, a las pesquisas e informaciones oportunas sobre actos de esta índole, inadmisibles en un Estado de Derecho.

Y en esas estamos: ¡oído, paraíso!