No son nada buenas las condiciones de trabajo y de vida de quienes venden su fuerza de trabajo para sobrevivir. Incluso aguantan graves riesgos laborales, de seguridad y salud, desde el silencio impotente, en aras de conseguir el dinero necesario para cuidar a sus familias, aunque se cuiden menos esas personas.
Alguien dijo que cuidar es querer, y querer es cuidar.
Seguramente necesitamos humanizar mucho más la vida y el trabajo, porque ahora está muy deshumanizado, tratando a las personas sólo como “mano de obra”, como “recursos humanos”, como algo cosificado.
No es un secreto que van a trabajar a los campos murcianos los sectores más vulnerables de nuestra sociedad: personas migrantes, personas gitanas y otros sectores con vidas precarias y al límite. Esos sectores que sostienen la producción, la distribución, incluso el consumo y los cuidados imprescindibles para que siga funcionando la vida, tal como la conocemos.
Esos sectores que son demonizados por los enemigos de la humanidad y de la libertad.
Aunque paradójicamente apelan a la España “Cristiana” en su cruzada anacrónica contra quienes definen como “enemigos”, para defender a sus amos: los millonarios, los nuevos señores tecnofeudales, los fondos buitres de inversión, y otras criaturas psicópatas y sociópatas.
Han leído poco al Papa Francisco. Incluso, han leído poco. No tienen en cuenta aquello de “amarás a tu prójimo”, “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Eso sería una España más cristiana, desde luego.
La idea de España “cristiana” (instrumental) que algunos (demasiados) practican consiste en ir los viernes o sábados a las casitas de las luces, pero el domingo ir con la esposa y las criaturas a comulgar a misa de 12. O desnaturalizar “folklóricamente” celebraciones religiosas, en formas de fiestas turísticas, con mucho alcohol y otras sustancias, a tope.
Tenemos una comunidad murciana, con un alto ranking de coches de alta gama, gracias a la riqueza que se le expropia habitualmente a quienes riegan nuestras tierras con su sudor y las levantan con sus manos.
Como ejemplo trágico, en estos días, en Molina de Segura, pedanía de Comala, una empresa que compagina los negocios de energías renovables y la actividad agrícola, muy cercana a un famosísimo desguace con estándares europeos, envenena conscientemente a las cuadrillas que trabajan sus fincas, fumigando en el mismo espacio y tiempo, con productos altamente tóxicos.
¡Cuánta falta de respeto, cuánta falta de humanidad, cuánta deshumanización! ¡Cuánta psicopatía, cuánta depredación, cuánta indignación!
Y como agravante, podemos relatar que tales hechos han sido comunicados detalladamente a diversas autoridades competentes (¿?),del Ministerio de Trabajo, del Ministerio del Interior, a Emergencias 112,…sin mucho éxito.
Incluso en la Inspección de Trabajo, se han limitado a comentar que no son competentes en el caso. Nos ha quedado claro que no son competentes.
Sólo que se les ha pasado el detalle que la Inspección de Trabajo y Seguridad Social (ITSS) ostenta competencias clave en prevención de riesgos laborales (PRL), como Requerimientos y Paralización: Ordenar la adopción de medidas inmediatas y paralizar actividades ante riesgos inminentes. Nos asaltan las dudas sobre la actitud y la aptitud de quien nos ha atendido.
La cuestión no es que se no se hayan facilitado EPIs (Equipos de Protección Individual) a las personas trabajadoras “clareadoras” que están en medio de donde se está fumigando indebidamente, sino que hay un riesgo inminente de intoxicación grave, que se está produciendo.
¿Tenemos que esperar a que se produzcan daños más graves, con ingresos en emergencias hospitalarias de alguien para que entonces se muevan las autoridades competentes?
A ver si las burocracias sindicales, por otro lado, salen de su letargo acomodaticio camaleónico,…y otras fuerzas actoras y vectoras somos capaces de construir herramientas de resistencia y ayuda mutua ante la superexplotación inhumana, ante el irrespeto muy grave a los derechos humanos y el incumplimiento de las leyes, que certifican el vaciamiento del Estado de Derecho.
¡En Pie! ¡No más precariedad!



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