Por
Raúl
Hernández
La Policía Nacional sitúa al empresario como una figura relevante en las redes de la economía sumergida
Fue el olor constante a cebolla lo que provocó las denuncias de los vecinos de una zona rural de Ulea. Además, llevaban tiempo alertando de una actividad ininterrumpida en una finca agrícola donde, según decían, se trabajaba día y noche sin descanso. Aquellas quejas vecinales fueron el primer hilo del que tiraron los agentes de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de la Policía Nacional en Murcia.
Quienes los vigilaban eran ciudadanos pakistaníes, un colectivo que comparte lengua con los primeros, algo que facilitaba el control y la comunicación dentro de la finca. Los investigadores tratan ahora de reconstruir cómo llegaron a España y quién costeó esos desplazamientos.
La operación avanzó por fases. En un primer momento, fueron detenidos tres intermediarios que actuaban como capataces, dos pakistaníes y un rumano. El último en caer fue el empresario, de origen pakistaní, que dirigía el entramado, considerado por los investigadores como el jefe de la organización, con varios inmuebles a su nombre y considerado un «magnate» dentro del entramado de la inmigración irregular y la economía sumergida, según fuentes cercanas a la investigación.
Estaba ya en prisión
En la finca y en varios domicilios se incautó de abundante documentación, que está siendo analizada.
La actuación se enmarca en un dispositivo contra la trata con fines de explotación laboral coordinado con Europol y con la colaboración de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social. La causa sigue abierta a la espera de nuevas actuaciones judiciales sobre los propietarios de la finca y los arrendadores de la nave.
Fuente: La Verdad

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